LA CRISIS DEL SIGLO
El Senado acaba de aprobar un proyecto (contenido en un mamotreto de 451 páginas) que contiene importantes modificaciones respecto al megaplan de rescate por 70 mil millones de dólares enviado inicialmente por el presidente Bush y que la Cámara de Representantes rechazó por una mayoría integrada principalmente por representantes republicanos. La nueva versión incorpora la «enmienda Dodd», que acrecienta en 150 mil millones de dólares el monto global, establece mayores garantías para los ahorristas (garantizando la devolución de sus depósitos por parte de las entidades quebradas hasta 250 mil dólares, en lugar de 100 mil), amplía las exenciones a la «tasa mínima alternativa» y reserva al Congreso el derecho a bloquear los 350 mil millones de dólares del último tramo si considera no satisfactorio el desempeño del gobierno. Mientras se aguarda la decisión de la Cámara de Representantes, se acrecientan los síntomas recesivos en la economía real.
Escribe Ramonet: «La ‘edad de oro’ de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo y por la búsqueda de beneficios exorbitantes. Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds. La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. La globalización condujo a la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. Y de golpe, esa gigantesca ‘burbuja’ reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (FED), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por el Bank of America; y los dos últimos, Godman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubisi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales».
En consecuencia, «toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorro, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables. El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las ‘hipotecas basura’ era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado desde hace tiempo sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Se siguió diciendo que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo».
Ocurrió lo contrario. Bush renegó de esos principios y recurrió masivamente a la intervención del Estado. Ramonet hace la lista: «Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido la AIG (American Internacional Group), la mayor compañía de seguros del mundo. Y el secretario del Tesoro Henry Paulson propuso el plan de rescate de las acciones ‘tóxicas’ procedentes de las ‘hipotecas basura’ (subprime)». Es lo que está a discusión. Estas intervenciones del Estado, las mayores en volumen de la historia económica, constituyen la prueba del fracaso del sistema. Los mercados no son capaces de regularse por sí mismos y se han autodestruido por su propia voracidad. Por la ley del cinismo neoliberal se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas, acudiendo al rescate de los banksters (banqueros gangsters) a expensas de los contribuyentes.
Hace unos meses Bush vetó una ley que brindaba cobertura médica a nueve millones de niños pobres a un costo de 4 mil millones de dólares. Ahora, «para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente».
Otros dos datos son sugestivos. El secretario del Tesoro Paulson fue presidente de la banca Goldman Sachs. Y el titular de la FED, Ben Bernanke, es especialista en la economía de la Gran Depresión de 1929, cuyo fantasma recorre EEUU.
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