El embargo de Estados Unidos afectó al sector alimentario cubano
El informe sobre el bloqueo presentado por la Isla ante la Organización de Naciones Unidas recalcó que el país se vio precisado a incurrir en gastos extraordinarios debido a las fuertes restricciones impuestas por Washington.
Aunque existieron determinadas importaciones de alimentos desde Estados Unidos, ellas se vieron restringidas por la inseguridad pues están sujetas a regulaciones destinadas a entorpecer el otorgamiento de licencias y el transporte de las compras realizadas. Esto hizo que, por ejemplo, Cuba se viera obligada a inmovilizar fondos en espera de las autorizaciones señaladas para la recepción de las mercancías, con perjuicios calculados en más de 30 millones de dólares. Para obstaculizar más las operaciones, el gobierno del presidente George W. Bush decretó una inspección adicional a los buques que transportan los alimentos, los cuales, por orden de Washington, no pueden ser cubanos en caso alguno. Esa última disposición causa lógicos problemas a las navieras contratadas y, por supuesto, sirve como un elemento para tratar de lograr en definitiva su negativa a negocio tan complicado. Uno de los daños causados por el asedio estadounidense es la prohibición a autorizar la adquisición por la isla antillana de naves con control de temperatura y equipamiento apropiado para la producción de carne de pollo destinada al consumo del pueblo. Además de causar perjuicios por 35,3 millones de dólares se entorpece el empleo de más de cuatro mil trabajadores del sector y se afecta el suministro de proteínas a la ciudadanía. También el sector agropecuario confrontó la imposibilidad de adquirir en Estados Unidos semillas de alto rendimiento para las siembras de papa y debió importarlas de mercados más lejanos, lo cual significó un gasto adicional de 177 mil 844,65 dólares.
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