Expertos polemizan por Raul Wallenberg

Polémica por paradero de ex diplomático sueco

Estocolmo, ANSA

En Budapest Raul Wallenberg salvó a miles de judíos de la deportación nazi.

Persson comentó el informe oficial de la comisión mixta ruso-sueca, publicado hoy, del que surgen algunas dudas sobre la suerte del diplomático.

Según el primer ministro, aún cuando la principal responsabilidad por la muerte de Wallenberg recae sobre los soviéticos, «actualmente está claro que una actitud más enérgica por parte de Suecia en los años 40 habría podido producir un resultado más feliz para Raul Wallenberg y su familia».

En base a todo esto Persson expresó a los familiares del diplomático –que en esa época tenía 35 años– «el más profundo pesar» en nombre suyo y del gobierno. La versión suministrada en diciembre del año pasado por Moscú sobre la muerte del diplomático en 1947, según se lee en el informe, «se podría aceptar solo si se confirmara más allá de cualquier duda razonable».

Eso no sucedió, sobre todo a falta de un certificado de muerte creíble y por la presencia de testimonios sobre su existencia en vida en épocas posteriores a su supuesta muerte. Las pistas falsas, instaladas por las autoridades soviéticas aún en los archivos, parecen impedir aún a medio siglo de distancia, aclarar el misterio sobre la suerte de Raul Wallenberg.

Los expertos rusos y suecos de una comisión conjunta, instalada por voluntad del ex presidente Boris Yeltsin después del fin de la Unión Soviética, no lograron llegar a «una conclusión unívoca y legalmente inatacable sobre la suerte» final de Wallenberg, se lee en un comunicado difundido por la misma comisión a través de la agencia rusa Interfax.

El comunicado se difundió al margen de la publicación del informe presentado hoy en Estocolmo, justamente en el día en que Moscú anunciaba para el 18 de enero la inauguración de un monumento reparador.

El informe deja abierta la puerta a la duda. Todos los estudiosos están de acuerdo en que no existen documentos capaces de ofrecer certezas definitivas, ya que «las autoridades soviéticas trataron de cubrir las huellas de sus malos actos». Pero si los expertos suecos consideran posible que Wallenberg haya sobrevivido más allá de 1947, los rusos son de distinto parecer.

Para ellos la hipótesis más atendible sigue siendo la formulada en diciembre del año pasado por los magistrados moscovitas que se ocupan de la rehabilitación de las víctimas de las purgas stalinianas, según la cual el diplomático escandinavo debería haber sido fusilado en julio de 1947.

Esta hipótesis, según Moscú, no está corroborada por documentos de archivo indiscutibles, pero en cambio está avalada por testimonios indirectos de carceleros y compañeros de prisión que, según los rusos, son más consistentes respecto a las de signo opuesto. Pero los soviéticos mintieron –como el Kremlin lo reconoció desde hace tiempo–, primero negando haber arrestado a Wallenberg y luego, desde 1957, admitiéndolo, pero afirmando que el prisionero había muerto de muerte natural en 1947.

Estas son mentiras que la Rusia poscomunista trata ahora de reparar, si bien no con una investigación definitiva, al menos con un monumento.

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