HACIA UN NUEVO ECUADOR
El presidente Rafael Correa dijo, al celebrar la victoria desde Guayaquil: «Hoy Ecuador ha decidido un nuevo país, las viejas estructuras fueron derrotadas; ésta es la confirmación de esa revolución ciudadana que ofrecimos al pueblo en 2006. Gracias al pueblo que no se dejó convencer por la desinformación, manipulación y amargura y ha dado un SÍ contundente lleno de alegría, emoción y esperanza».
La Constitución aprobada por mayoría abrumadora pauta una serie de cambios institucionales que culminarán en la celebración de elecciones generales anticipadas en febrero de 2009, en las que se renovarán todos los organismos del Estado: la presidencia y vicepresidencia, con posibilidades de reelección; los cinco parlamentarios andinos; la Asamblea Nacional (Congreso unicameral), que se elegirá por circunscripciones provinciales, nacional y especial del exterior, donde votan los ecuatorianos residentes en el extranjero, como sucedió en este referéndum; los poderes locales: prefectos y viceprefectos provinciales, alcaldes y concejales municipales.
Son nuevas instancias que estarán marcadas por la participación del pueblo y el poder decisivo de su voto para la forja del destino colectivo. Así ha ocurrido desde la elección que consagró a Correa en noviembre de 2006; luego en la consulta del 15 de abril de 2007, que acordó por más del 80% de votos la convocatoria de la Constituyente; más adelante en la elección de los miembros de la misma, el 30 de setiembre de 2007, que el 24 de julio culminó su labor, refrendada el domingo por el pueblo ecuatoriano. Siempre mediante el uso pacífico del voto, dando un ejemplo de participación popular y de democracia viva y actuante. El pueblo decide con su voto, como también le gusta repetir a Evo Morales.
Las cifras son concluyentes. Las proporcionadas por el Tribunal Supremo Electoral con 80% de las mesas escrutadas dan 3:737.397 votos por SI (64%) y 1:655.624 por NO (28%), con 39.762 en blanco (0,7%) y 419.716 nulos (7%). Si se contabilizan sólo los votos a favor y en contra, el SI obtiene el 70% contra 30% del NO. Es exactamente lo que le daban los sondeos previos a boca de urna de la encuestadora Cedatos. En España, donde reside el mayor número de ecuatorianos inscritos, el 67,31% votó por el SI. La oposición se lamenta de que los votos nulos y en blanco fueron escasos. Es que habían contado con ellos para evitar el triunfo del SI, ya que éste debía contabilizar el 50% más uno de todos los votos emitidos (como en el balotaje uruguayo). Y ese objetivo se logró con amplitud.
También en Guayaquil, que era el centro de la oposición. Allí dirigió Correa en persona las últimas etapas de la batalla. El alcalde de la ciudad portuaria, Jaime Nebot (líder del derechista partido socialcristiano y representante de los viejos partidos desplazados del proscenio político), se jugó por entero al triunfo del NO. Su comentario al término de la jornada fue que «la mayoría (del pueblo ecuatoriano) se equivocó». Pero además se comprometió a que si el SI ganaba en Guayaquil, renunciaba a postularse a la reelección como alcalde en 2009. «Si la ciudad no me da el aval cívico declaró, les deseo la mejor suerte a Ecuador y a Guayaquil. Pero no puedo pasar de una vida exitosa a ser una persona maniatada». Veremos si la promesa se cumple.
En realidad, todas las fuerzas de la derecha recalcitrante, los antiguos dueños del gobierno y del poder, unidos a la cúpula de la Iglesia Católica y a los grandes medios, exacerbados en una campaña manipuladora de nivel inusitado (sobre al aborto y los matrimonios homosexuales, principalmente), jugaron todas sus cartas al NO. Fueron derrotados por la conciencia de un pueblo que coreaba, la noche de la victoria: «El pueblo unido, jamás será vencido».
La nueva Constitución aspira a la creación de un nuevo tipo de sociedad. Procurará sustituir un régimen de inestabilidad perpetua, que vio caer a tres presidentes en menos de una década, por un sistema democrático sólidamente asentado en instituciones dotadas de amplio respaldo popular. Introduce modificaciones sensibles en el terreno económico, en la concepción de la soberanía, de las poblaciones indígenas, de los migrantes, de la integración latinoamericana. A propósito: hoy se reúnen en Manaos, sobre el Amazonas, los presidentes Correa, Chávez, Lula y Evo, y allí tendremos una imagen (parcial, pero significativa) de la nueva América del Sur que está naciendo.
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