El plan de rescate financiero que respaldará a los mercados
El plan, de un 700.000 millones de dólares, será la mayor intervención económica del gobierno estadounidense desde la Gran Depresión de 1930 y tendrá el cometido de apuntalar una economía que no se recupera de la explosión de la burbuja hipotecaria, que casi destrozó el sistema bancario global y secó el flujo de crédito.
El plan «será en algo un respirador artificial para el sistema financiero de Estados Unidos», dijo Brian Bethune, economista en la investigadora Global Insight.
Para Bethune, el plan, modificado tras más de una semana de tensas negociaciones, «representa un compromiso razonable que protege los intereses del contribuyente en forma más agresiva».
De acuerdo a un sumario del proyecto adelantado por legisladores, el Programa de Recompra de Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés) le permitirá al gobierno la compra de activos a bancos, planes de pensiones, otras empresas y gobiernos locales.
La primera entrega, de 250.000 millones, será seguida por otra igual si todo es finalmente aprobado en el Congreso.
Para controlar y supervisar todo se crearán cuatro agencias independientes, incluyendo una presencia en las oficinas del Tesoro, encargadas de realizar auditorías y prevenir fraudes, al igual que un inspector general independiente para observar las acciones del secretario del Tesoro.
También hará propietarios a los contribuyentes y tendrán posibilidades de recibir dividendos de cualquier ganancia futura, limitará los pagos compensatorios a los ejecutivos de las empresas en problemas y permitirá al gobierno ayudar para evitar la ejecución de hipotecas impagas.
Pero algunos analistas no ocultan su escepticismo sobre el acuerdo, ya que no están tan seguros de que el plan vaya a funcionar o de que no cree nuevos problemas para los mercados y la economía. David Kotok, gerente de inversiones en Cumberland Advisors, dijo que apoyaba el plan de rescate original, pero que ahora tiene dudas tras el paso del mismo por el Congreso, y agregó que puede ser más difícil obtener el sector bancario saludable que necesita la economía.
«Si se imponen demasiadas regulaciones, demasiada supervisión, demasiado gerenciamiento y a un costo demasiado alto, entonces se daña el paquete de ayuda y el panorama de ganancias para los bancos», explicó.
«Si el mercado entiende que este plan es malo, entonces caerá en vez de subir». El economista Ethan Harris de Barclays Capital dijo en un documento de investigación que la mejor posibilidad que tiene el gobierno para estabilizar la economía y los mercados es un programa de «shock y pavor» en lugar de una aproximación escalonada.
«La verdad incómoda es que para que un rescate funcione, se debe poner una cantidad considerable del dinero de los contribuyentes en riesgo. La estrategia de reaccionar a caídas individuales de empresas ralentizó, pero no detuvo la erosión de la confianza en los mercados de capital», agregó.
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