ANALISIS INTERNACIONAL

EL PARAISO DE LAS MUJERES BOMBA

Desde Irak, pasando por Israel, Cisjordania, Afganistán, Pakistán, Turquía o Cachemira, cada vez son más habituales las noticias que relatan como una mujer se inmola en un mercado, en una mezquita, en una peregrinación, contra soldados o frente a un puesto fronterizo.

Los hombres kamikazes musulmanes dicen tener un justificativo para su accionar. Los imanes fundamentalistas les prometen que van a ir al cielo donde los están esperando 72 vírgenes para cada uno. Las mujeres suicidas también tienen ahora una justificación. «Mi marido me dijo que había que ser mártir», afirmó una iraquí de 15 años. «Me dijo que iría al paraíso. Que allí había mujeres ángeles con la piel blanca y profundos ojos negros. Que el paraíso es como un enorme jardín lleno de flores, donde hay dos ríos, uno dulce y otro de miel», explicó la joven que tuvo un padre y hermano kamikezes, pero que se entregó con un cinturón explosivo antes de hacerse estallar. De los más de quince grupos terroristas que han utilizado la táctica de las bombas humanas, en más de la mitad de los ataques figuraron mujeres. Entre 1985 y 2007, más de 250 mujeres actuaron como dinamiteras suicidas, y representaron un 15 por ciento de la totalidad de los ataques. El aumento en la cantidad de kamikazes del sexo femenino proviene tanto de organizaciones seculares como religiosas. Las milicias musulmanas buscan candidatos al suicidio entre las mujeres por falta de hombres, según la policía iraquí. Más de 30 mujeres se alistaron como kamikazes este año, contra un puñado en 2007, según la policía del país árabe. En los primeros tres años de la guerra en Irak sólo se habían producido apenas cinco ataques suicidas de mujeres.

El éxito de un kamikaze depende de la sorpresa. Una mujer musulmana cubierta de pies a cabeza con una túnica negra tiene una mayor facilidad para ocultar el cinturón de explosivos y llegar al objetivo. La cultura árabe dificulta que un soldado pueda revisar a una mujer. Al Qaeda y otros grupos en Medio Oriente usan esta ventaja a su favor. Una mujer puede mezclarse fácilmente con la población civil enemiga: su ropa se presta para ocultar explosivos, y algunas veces las mujeres se valen de aparentar estar supuestamente embarazadas para evitar ser registradas.

En general, parece que son una innovación táctica dado que se apartan de los estereotipos contraterroristas establecidos en los manuales.

Son pocas las mujeres a quienes se les permite ejecutar funciones de liderazgo, aun en grupos en el que representan de 30 a 60 por ciento de los kamikazes.

Clara Beyler, en el New York Sun, refiriéndose a su uso en las organizaciones terroristas palestinas afirma: «Raramente las mujeres participan en los niveles más altos del proceso de la toma de decisiones en estos grupos. Las mujeres pueden ofrecerse voluntariamente, o … pueden ser obligadas a llevar a cabo un ataque homicida, pero el papel de la mujer es dictado por último por la jerarquía patriarcal que rige a la sociedad palestina y a sus grupos terroristas». Según Deborah Galvin, autora de «The Female Terrorist: A Socio-Psychological Perspectiva», algunas mujeres «son reclutadas en las organizaciones terroristas por sus amigos o novios. Un aspecto significativo que quizás caracteriza la participación de la mujer terrorista es el amante cómplice».

Muchas organizaciones fundamentalistas persuaden a mujeres «cuyo estatus social es problemático, por una mala reputación debido a la promiscuidad o las relaciones extramatrimoniales» a jugarse la vida. La contundencia de este método de persuasión se comprende mejor dentro del marco cultural de una sociedad en la que las mujeres a menudo son las responsables de encarnar el «honor de la familia». Mujeres violadas, que no pueden tener hijos, que deben pagar con su vida el delito de un familiar varón, son candidatas a matar y morir por «honor». En Palestina, mujeres viudas de esposos o hermanos son adscritas al martirio por Hamas y la Jihad Islámica con el apoyo de familiares que querían cobrar las ayudas externas, entonces pagadas por iraquíes o saudíes, y ahora por iraníes o sirios.

Según el sicólogo Ariel Merari, autor del estudio «The Readiness to Kill and Die: Suicidal Terrorism in the Middle East», la cultura generalmente y la religión particularmente, parecen tener relativamente poca importancia en el fenómeno del suicidio terrorista. Igual que cualquier otro suicidio, el suicidio terrorista básicamente es un fenómeno personal y no un fenómeno que ocurre en un grupo: lo cometen aquellos que por razones personales desean morir. El marco terrorista simplemente ofrece la excusa para cometerlo y provee la legitimación para realizarlo en forma violenta, explica este experto.

Sin embargo para los hombres y las mujeres terroristas, la causa incluye una visión del mundo que hace que su muerte inminente tenga sentido y que frecuentemente los conecta a alguna forma de «inmortalidad». Por eso últimamente existe la tendencia a suponer que hay una conexión natural entre la fe y la disposición para matar y ser muerto, sostiene Ver M. Jurgensmeyer, en el estudio «Terror in the Mind of God: The Global Rise of Religious Violence».

Los terroristas, procuran provocar una respuesta violenta de las autoridades que suscite simpatía y apoyo, radicalice a otros miembros de la comunidad y que ayude a movilizar más reclutas. Al utilizar mujeres como operativas, las organizaciones terroristas confían en provocar una reacción exagerada contra las mujeres de su sociedad, una manera segura de suscitar más indignación e ira. Política, fundamentalismo religioso, pobreza, falta de cultura democrática, sociedades patriarcales, la eficacia táctica, venganza, redención, entre otras variables, son parte del flagelo. Hay mujeres que son simplemente armas, carne de cañón.

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