"RECONCILIACION" EN EL LIBANO
Una delegación encabezada por el diputado Mohammed Raad, uno de los líderes de la coalición proiraní, se entrevistó con Saad Hariri, líder del Movimiento del Futuro cristiano-sunnita, en preparación de una conferencia de éste con el jefe del Hezbolá, Hassan Nasrallah.
A la salida de la conferencia, Raad declaró que no era necesario hablar de «reconciliación ya que de hecho estamos reconciliados». Pero, según lo consigna la prensa de Beirut, las cosas no parecen ser tan sencillas.
Lélia Mezher, en un artículo titulado «La reconciliación, etapa necesaria pero no suficiente», en el diario francófono «L´Orient le jour», cita a Mahmud Hajjar un diputado del bloque de Jamal Joumblatt, druso aliado a la mayoría del primer ministro Fuad Siniora :»Este tipo de reconciliaciones no podrá llevar a verdaderos pactos. Esto solo podrá lograrse mediante un diálogo de fondo y deberá abarcar temas tales como la estrategia de la defensa nacional y las armas de Hezbolá.»
Al margen de los problemas, no faltan los gestos de buena voluntad: por ejemplo, el espectacular pedido de disculpas de Samir Geagea, uno de los líderes de las milicias cristianas que combatió en la guerra civil de 1975-1990.
Al respecto escribió en un editorial Issa Goraieb, el director de «L´Orient le Jour» el miércoles 24: «El domingo pasado, Samir Geagea presentó con franqueza su pedido de perdón público por todo el mal injustificado del que pudo haber sido culpable durante la guerra, la milicia de las Fuerzas Libanesas. No es la primera vez que un jefe libanés realiza una valiente autocrítica. Sin embargo, nadie fue tan lejos al reconocer de manera tan explícita su arrepentimiento».
Pero en el Líbano, la situación política no solo depende de la buena voluntad de los políticos libaneses. Por ejemplo, Siria, sorpresivamente desplazó tropas a la frontera norte del norte del Líbano. Eso sí, informó al gobierno libanés de sus «buenas» intenciones. No se trata en absoluto de ningún acto hostil; es tan solo una precaución para evitar el contrabando.
Después de analizar las posibles motivaciones de Damasco, Michael Young llega a las siguientes conclusiones: «No cabe prever una invasión inminente de Siria en el Líbano, tanto desde el punto de vista político como militar. Pero si ve que puede ejercer presión, Assad se envalentonará y el peligro de que Siria use su ejército de manera más contundente habrá de incrementarse.» Si Siria tiene su espada de Damocles sobre el Líbano, Irán posee sólidas inversiones políticas y militares a las que no parece estar dispuesta a renunciar. Su gran argumento es la así llamada «resistencia» contra el temible ocupante israelí que casualmente se retiró del Líbano hace ocho años.
Nadie entiende muy bien qué significa la resistencia contra un ejército ausente pero esta mentira «patriótica» sigue teniendo un uso muy práctico. Es este pequeño detalle el que hace que el tema de la reconciliación no sea tomado demasiado en serio por muchos libaneses. Según Hilal Khashan, jefe del Departamento de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Americana de Beirut dice en declaraciones a Michael Bluhm, analista político del «Daily Star»: «Hablar de reconciliación es un exceso, quizás podamos hablar de pacificación temporaria. Al parecer la élite política trata de controlar la situación desde la cima. Ellos tratan de que las diferencias no desemboquen en estallidos de violencia. Buscan estabilizar la situación y dar la impresión de que se encaminan hacia la reconciliación, pero ésta no es real». La fragilidad de la situación es evidenciada en una serie de punzantes preguntas que formula el editor del diario árabe de Londres «Asharq Alawsat», Tariq Alhomayed, en un artículo titulado : ¿Es posible la reconciliación con Hezbolá? ¿Está Hezbolá dispuesta a aceptar que sus armas estén bajo el control del estado y no de Nasrallah o de Irán? ¿Está dispuesta a aceptar que las decisiones sobre la guerra y la paz sean tomadas por el estado libanés y que el ejército libanés tenga el derecho de imponer su autoridad en el Líbano sin correr el riesgo de que sus helicópteros sean derribados o sus soldados atacados, como sucedió en el pasado? ¿Es el Líbano un país para todos los libaneses? Alhomayed formula éstas y otras preguntas retóricas similares.
Lamentablemente, sugiere que es totalmente improbable que el bando proiraní acepte ninguna de estas condiciones básicas para la soberanía del Líbano.
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