700.000.000.000 DE DOLARES
Sin embargo, hay gran resistencia a votarle ese gigantesco cheque en blanco sobre tablas, y se reclaman condicionantes y regulaciones estrictas para el funcionamiento el sistema, las que hasta ahora han brillado por su ausencia. El presidente de la Comisión de Asuntos Bancarios del Senado, el demócrata Christopher Dodd (hermano del anterior embajador de EEUU en nuestro país) declaró que no se puede votar el proyecto tal cual lo envió el gobierno. Los directivos de esas instituciones estaban acostumbrados a actuar sin reparar en los métodos, acicateados por la sed de ganancias máximas en el menor plazo posible. Y después de mí, como dijo Luis XV, el diluvio. O ya vendrá quien arregle el entuerto, como siempre sucedió, aunque deje el tendal de damnificados por el camino mientras los directivos quedan a salvo y con jugosas compensaciones en el bolsillo. También podría acontecer, sin embargo, que alguno vaya a parar a la cárcel, cosa que también se ha visto.
Por lo pronto, el FBI está investigando varias alegaciones de fraude contra los gigantes financieros Lehman Brothers y la aseguradora AIG, y también contra las dos mayores compañías de créditos hipotecarios, la Fannie Mae y Freddy Mac, que controlaban más del 50% del mercado inmobiliario de los Estados Unidos. Éstas quebraron en la crisis de las subprime del mes de julio pasado, y para salvarlas el gobierno había pedido al Congreso 300 mil millones de dólares. Como se ve, la historia se repite. La investigación del FBI, que se extiende hasta incluir a 26 firmas de Wall Street, busca determinar si ejecutivos de dichas empresas tuvieron responsabilidad en el desastre por medio de «desinformación». El responsable del FBI precisó que el organismo tiene pendientes 26 investigaciones de fraude corporativo, incluyendo los casos de las subprime.
Para tener una idea de la magnitud y las repercusiones mundiales de la crisis actual, que según muchos analistas puede extenderse y profundizarse en gran escala abarcando otras entidades que están en la cuerda floja, vale la pena citar la opinión de un especialista como Paul Krugman, que en The New York del 15 de setiembre, bajo el título de «La ruleta rusa financiera», mencionaba «la posibilidad real de que 2008 pudiera ser la repetición de 1931″. Recordaba que Ben Bernanke (titular de la Reserva Federal, que acompaña a Paulson para tratar de capear el temporal) fue uno de los principales expertos en la economía de la Gran Depresión. Citaba los antecedentes inmediatos de la actual crisis en estos términos: «La Reserva Federal y el Tesoro negociaron un acuerdo para proteger a Bear Stearns y no a sus accionistas. Y apenas la semana pasada el Tesoro tomó el control de Fannie Mae y Freddy Mac, los dos gigantes del mercado hipotecario». Agregaba que «Lehman ha sufrido grandes pérdidas inmobiliarias, enfrenta una crisis de confianza, nos muestra un enorme desbalance con grandes deudas. Su liquidación podría dar lugar a pánico en el mercado financiero». El artículo se abre con la siguiente pregunta: «¿Los Estados Unidos entrarán hoy en un colapso financiero, o quizá en los próximos días?».
Tardíamente sacó la cabeza el FMI para opinar sobre esta coyuntura que tiene al mundo en vilo. Sus voceros se encontraban en una situación más bien incómoda. Presenciaban la más formidable intervención estatal de que se tenga memoria -como señaló agudamente la presidenta Cristina Fernández en la ONU-, contrariando la norma expresa en base a la cual el FMI dicta cátedra en todo el mundo alabando las virtudes mágicas, todopoderosas y excluyentes del mercado. Los gurúes del Fondo se limitaron a vaticinar toda suerte de calamidades para los países emergentes (y también para la población norteamericana) si no se aprobaba el paquete de medidas de rescate propuestas por el gobierno. En suma, vinieron a hacerle propaganda gratis a Bush. La presidenta argentina dijo también que EEUU tenía «una economía de casino», lo que ilustra bien el trasfondo del tema.
Al respecto seguiremos aportando algunos otros elementos para la reflexión, incluyendo datos más lejanos (pero no tanto) como la quiebra de Enron y otras grandes empresas.
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