El presidente Pastrana dijo que no permitirá una nueva ola de atentados

Coche bomba estalla en centro comercial colombiano

Luis Jaime Acosta – Bogotá, Reuters

El mandatario, quien el jueves viajó a Medellín para inspeccionar los estragos, se abstuvo de acusar a algún grupo armado por la explosión, que se produjo en momentos en que el proceso de paz del país atraviesa una de sus peores crisis.

«No vamos a dejar que le vuelvan a hacer daño a nuestro país, cuando estamos ya saliendo de las crisis que habíamos atravesado», declaró Pastrana a periodistas. «Vamos a tratar de identificar quiénes fueron los causantes… no queremos hablar de hipótesis, porque generaríamos dificultades», agregó.

Pastrana recorrió los escombros que dejó la explosión de un potente coche-bomba en uno de los estacionamientos del centro comercial El Tesoro, uno de los más concurridos de un exclusivo sector de Medellín, capital del noroccidental departamento de Antioquia.

Para el ataque se utilizó un vehículo cargado con por lo menos 50 kilos de explosivos, según la policía.

El atentado, que recordó la época entre 1988 y 1993 cuando el difunto narcotraficante Pablo Escobar ordenaba detonar coches bombas en Medellín y otras ciudades en su lucha contra la extradición de colombianos a Estados Unidos, causó un incendio y destruyó más de un centenar de vehículos. La explosión se produjo en momentos en que el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el principal grupo rebelde del país, atraviesa una de sus peores crisis desde que comenzó hace dos años.

 

Ataque en momentos de coyuntura

También se registró en medio de gestiones con el más pequeño Ejército de Liberación Nacional (ELN), que buscan propiciar una negociación de paz, y de recientes matanzas de campesinos en ataques atribuidos a grupos paramilitares de ultraderecha.

Además, el ataque se produjo cuando Estados Unidos se dispone a iniciar su ayuda con 1.300 millones de dólares al Plan Colombia destinado a combatir el narcotráfico.

Medellín es la tercera ciudad más poblada de Colombia y un importante polo de desarrollo industrial y empresarial.

La explosión revivió los temores de una nueva campaña de ataques indiscriminados entre los habitantes de esa ciudad.

Las FARC suspendieron en noviembre las negociaciones de paz con el gobierno para presionarlo a aniquilar a los ilegales escuadrones paramilitares de ultraderecha, sus acérrimos enemigos en medio del conflicto interno que sólo en los últimos 10 años dejó 35.000 civiles muertos.

El proceso sufrió un nuevo tropiezo en diciembre con el asesinato del presidente de la Comisión de Paz de la Cámara de Diputados, Diego Turbay, su madre y cinco personas. La matanza fue atribuida por el ejército a las FARC, que lo negó.

Pese a las dificultades, insistentes rumores señalan que las FARC liberarían próximamente hasta 150 de los 450 policías y soldados capturados en combates en los últimos tres años, en un gesto que podría revivir el moribundo proceso de paz que no ha dado ningún resultado, según analistas.

Con esa acción la guerrilla también buscaría que el gobierno extienda el control de una zona de 42.000 kilómetros cuadrados en el sudoeste del país que sirve de sede a las negociaciones y que vence el próximo 31 de enero.

Pese a la parálisis de las negociaciones, el comisionado para la paz, Camilo Gómez, viajó el jueves a la zona desmilitarizada para hablar con líderes de las FARC sobre un acuerdo humanitario que permita intercambiar soldados y policías enfermos por rebeldes encarcelados, dijo el gobierno.

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