UNA VICTORIA POCO ENVIDIABLE
Su rival más importante, el ministro de Comunicaciones, Saúl Mofaz, anunció de manera sorpresiva que se retiraría temporalmente de la política para darse un tiempo de reflexión. Ahora Livni debe abocarse a la tarea de formar su propio gobierno, mientras Olmert continuará al frente del gabinete en forma interina. Si armar su coalición no resultará fácil, más difíciles son aún los desafíos que deberá enfrentar si es confirmada como primera ministra. El columnista de «Haaretz» Aluf Benn señala entre los factores externos negativos del momento: la parálisis política por el proceso electoral en los Estados Unidos, la posibilidad de que Mahmud Abbas deje su cargo en enero, los planes de revancha de Hezbollah y la crisis económica mundial. A ello, le agrega el siempre posible surgimiento de alguna crisis inesperada como un estallido de violencia mayor entre colonos y palestinos en la Margen Occidental, o entre colonos y soldados israelíes. A todo esto, le suma las numerosas trampas que encierra la política interna. Benn señala que la situación de Livni será más precaria que la de Olmert porque mientras el líder saliente fue electo por el pueblo, ella solo tuvo el mandato que le otorgó su partido, lo que se evidenciará a los primeros signos de una crisis.
Livni cuenta de entrada con la hostilidad manifiesta de la derecha militante. En un furioso artículo en «Maariv» Nadav Haezni desea el fin del «condenado» partido Kadima y el fracaso de su líder mientras Caroline Glick en el «Jerusalem Post» califica a Livni como un «fraude» y la acusa de hacer a espaldas de la opinión pública concesiones a los palestinos sobre Jerusalén que había prometido no hacer. A las dificultades políticas internas y externas, se suma la maldición histórica que pesa sobre los partidos de centro en Israel. Han sido numerosos los partidos de centro que tuvieron un comienzo brillante y se evaporaron como estrellas fugaces en pocos años. Basándose en esta experiencia varios analistas sostienen que no hay un espacio político válido entre la centro-izquierda del laborismo y el centro-derecha del Likud. Sin embargo, varios comentaristas en la prensa israelí tratan de legitimar el derecho de existencia de un partido de centro. Por ejemplo, en un editorial del 16 de setiembre «The Jerusalem Post» escribe: «Hay fuertes argumentos a favor de un tercer partido centrista. Pero si Kadima desea rehabilitarse y hacer que esa posibilidad se concrete, deberá enfrentar los duros dilemas de seguridad de Israel con la adecuada combinación de dinamismo diplomático y firmeza militar. En lo referente a los palestinos, la derecha se distingue por hacer críticas sin ofrecer alternativas, mientras la izquierda tiende a ignorar las duras realidades en el terreno. Kadima debe poner en evidencia una alternativa viable. El partido deberá encarar también una reforma electoral y definir una plataforma económica que abandone todo dogmatismo a favor de una política que asegure el crecimiento sin abandonar la atención a los más desprotegidos. Finalmente, debe representar la tradición judía en un marco de pluralismo y tolerancia.»
Por su parte, el comentarista Attila Somfalvi escribe en «Yediot Ajaronot»: «Contrariamente a una opinión generalizada, un partido israelí de centro tiene derecho y quizás hasta el deber, de existir. Sin embargo, para que este derecho siga siendo reconocido en los próximos años, el partido y sus líderes deben probar que realmente intentan imponer cambios substanciales: cambios que justifiquen su existencia y el objetivo para el cual fue creado. Solo si Kadima logra un cambio en las estructuras políticas evitará un fracaso ideológico y su desaparición del escenario político». Pero teniendo en cuenta los numerosos problemas que enfrenta el país, cabe dudar de que Livni coloque al destino de su partido al frente de su orden de prioridades. Sus mayores desafíos inmediatos son cómo proseguir las negociaciones con los palestinos e impedir que fracasen, cómo encarar el tema soldado israelí Gilad Shalit preso de Hamas, qué hacer con la Franja de Gaza y cómo manejar la división palestina sin que los beneficiarios sean los extremistas, cómo encauzar de manera realista las negociaciones con Siria, como frustrar los planes agresivos de Hezbollah en la frontera Norte y cómo encarar de manera responsable pero también efectiva el problema de la amenaza nuclear israelí. Todo esto por ahora parece mucho más importante que el destino político del actual partido de gobierno. El tema que más preocupa tanto a los israelíes como a muchos observadores en el exterior. ¿ Tendrá Livni la capacidad necesaria para enfrentar con éxito toda esa avalancha de desafíos? Sin duda tiene razón Aluf Benn cuando afirma que «no hay razones para estar celoso de la ganadora de la contienda de Kadima». Esta es también la opinión del «Economist» de Londres que define el cargo de Primer Ministro de Israel como uno de los más difíciles del mundo y apoya firmemente a Livni diciendo que es la mejor chance de Israel para alcanzar la paz.
Compartí tu opinión con toda la comunidad