El presidente electo ya se desprendió de su secretaria de Trabajo

No quieren al ministro de Justicia republicano

Giampiero Gramaglia – Washington, ANSA

Ahora hay otro nombre, el de John Ashcroft, ministro de Justicia designado, ex senador de Missouri y conservador declarado, que es blanco de los ataques de los demócratas pero también de las organizaciones que defienden los derechos humanos.

Ashcroft corre un gran riesgo, aunque en su contra, por el momento, están solo sus ideas.

Un juez de la Corte Suprema de su estado pide prestar testimonio en su contra: en las audiencias de confirmación de parte del Senado de los ministros designados siempre puede haber una trampa.

El presidente electo George W. Bush no parece sin embargo estar de mal humor y hoy con todos los integrantes de su equipo de seguridad nacional estuvo toda la mañana en el búnker que tiene en el Pentágono.

El secretario de Defensa saliente, William Cohen, y los máximos responsables militares norteamericanos le proporcionaron informaciones y documentación.

Con Bush estaban el vicepresidente Dick Cheney, que se siente en el Pentágono como en su casa porque fue secretario de Defensa del padre de Bush durante la Guerra del Golfo; el secretario de Estado, Colin Powell; el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld –otro ex– y la responsable de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice.

Por su parte los militares le presentaron a Bush una lista con pedidos difíciles de satisfacer.

Más allá de los programas protocolares, en su agenda hay aún encuentros con la CIA y consultas sobre el balance y sobre instrucción; además, el presidente electo inició ya la búsqueda de una alternativa a Chávez.

A diez días de asumir como presidente de Estados Unidos, en la nueva administración hay puestos aún por cubrir, entre ellos los de director de la CIA y de responsable de Comercio Internacional.

La salida de escena de Chávez es leída de manera distinta por la prensa norteamericana.

Están los que piensan que la mujer, cuestionada y rechazada, fue ofrecida como «chivo expiatorio»a la oposición demócrata para hacer más fácil la confirmación de los otros ministros designados.

También están los que piensan que el retiro de Chávez puede alentar a los demócratas para atacar otras decisiones del presidente electo.

Esta es la impresión que predomina, a juzgar por la fuerza de los ataques en contra de Ashcroft, ministro de Justicia designado.

Los que lo atacan son grupos progresistas y organizaciones para la defensa de las minorías y la tutela de los derechos civiles.

Para Bush, las señales no son sólo negativas. Las audiencias para la confirmación de Rod Paige, designado en Instrucción Publica, se abrieron hoy con buen clima, aunque Paige ratificó el apoyo al sistema de las becas que los demócratas atacan.

Una de las prioridades del programa republicano, el plan para la reducción de impuestos, se anuncia bajo una buena estrella.

La idea les gusta a los norteamericanos, indica una encuesta, a pesar de que la opinión pública se interroga sobre la eficacia de la medida para relanzar la economía y sobre el impacto de la deuda pública.

El 53 por ciento de los norteamericanos apoya la idea del recorte de 1.300 millones de dólares y sólo un tercio de los entrevistados se declaró en contra.

Finalmente, las ceremonias de asunción del 20 de enero se presentan como las más ricas de la historia presidencial de Estados Unidos: el comité que prepara la Inauguration Day ya reunió 20 millones de dólares y quiere llegar a 30, para cubrir los gastos de todas las manifestaciones previstas.

Pero el costo de la asunción podría ser más pesado que lo previsto, sobre todo si las ceremonias tienen como contrapunto manifestaciones de protesta con la movilización de fuerzas del orden suplementarias, e incidentes y tal vez daños.

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