La única dieta para adelgazar

Washington, ANSA

El gobierno norteamericano publicó una investigación sobre las dietas estableciendo que la única que permite perder peso, y no recuperarlo, es la que cuenta por lo menos con un 60 por ciento de carbohidratos –pastas, pan y papa–, menos del 25 por ciento de grasas y alrededor del 15 por ciento de proteínas.

La investigación, realizada por el ministerio de Agricultura, representa un duro golpe para los promotores de dietas de importante base proteica y grasas, de moda en los últimos años por la rapidez con que permiten perder peso.

Pero, advierte el ministerio, una vez que se interrumpe el régimen, los kilos perdidos se recuperan rápidamente.

Programas como el del doctor Atkins, New Diet Revolution, Protein Power o Life without bread (vida sin pan) permiten perder peso, pero suben el nivel de colesterol y son, en general, inadecuados para una alimentación correcta y completa.

Los resultados no duran sino algunas semanas porque se tiende a perder rápidamente los líquidos, pero no las grasas.

Mucho mejor, sugiere la investigación, es confiar en las dietas «moderadas» como la que aconseja la Asociación de cardiólogos norteamericanos y un programa de reducción del peso tradicional como el Weight Watchers.

Anteriores líneas orientadoras del ministerio de Agricultura norteamericano indicaban que las famosos dietas llamadas mediterráneas eran el mejor modo de luchar contra el exceso de peso.

En consecuencia pan y pastas, siempre en cantidades razonables, pocas grasas y pocas proteínas, permiten por un lado mantener controlado el peligro del colesterol y, por otro, perder lentamente y de manera definitiva la grasa en exceso.

Directamente se pueden elevar al 65 por ciento las calorías derivadas de los carbohidratos y perder peso de manera progresiva, aunque los especialistas del gobierno norteamericano sostienen que la cantidad ideal no debe superar el 60 por ciento: «Reducir demasiado el porcentaje de las grasas no garantiza una alimentación completa», explican.

La investigación forma parte de la batalla del gobierno norteamericano contra las grasas que provocan alteraciones en la salud de los norteamericanos: alrededor del 60 por ciento tiene sobrepeso, y más del 30 es técnicamente obeso.

Cada año, los norteamericanos gastan algo así como 33 mil millones de dólares en libros de dietas, píldoras adelgazantes y varios programas para la pérdida de peso, muchos de los cuales no han superado pruebas médico-científicas.

Pero, siempre en Estados Unidos, están los que quieren combinar bienestar físico y éxtasis religioso, como Gwen Shamblin, autora de dos best sellers en los que aconseja comer poquísimo de todo. Y además introduce una explicación: «El hambre que se advierte no es físico, sino espiritual, es ‘hambre de Dios'».

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