Zelaya. Postergó el recibimiento de las cartas credenciales del embajador de Washington

Honduras se rebela contra EEUU

«USS Honduras» era una de los calificativos que recibía este país centroamericano de parte de la misma prensa estadounidense en los años 80, cuando acogió a más de 300.000 efectivos norteamericanos.

Era la época en que Honduras servía de base a los rebeldes contrarrevolucionarios nicaragüenses, más conocidos como ‘contra’, apoyados por Washington, que levantaron sus bases en las montañas fronterizas con Nicaragua, y, desde donde incursionaban a su país, tratando de derrocar al régimen izquierdista de los sandinistas (1979-90).

Zelaya ha dado vuelta al disco y, en una acción sin precedentes, postergó el viernes el acto de recibimiento de credenciales al nuevo embajador de Estados Unidos, Hugo Llorens, exigiendo que «se busque una solución al problema boliviano».

El presidente Evo Morales acusa a Estados Unidos de tratar de dividir Bolivia, al supuestamente apoyar las protestas en cinco de los nueve departamentos de Bolivia.

Zelaya, que llegó al poder a través del derechista Partido Liberal (PL), ha dado un giro y se define como de «centroizquierda, y si les molesta que le quiten lo de centro». El 25 de agosto, el mandatario hondureño firmó la adhesión de Honduras a la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) fundada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pese al rechazo del empresariado y buena parte de las fuerzas políticas del país.

Ya antes, Zelaya había dado señales de una política antiestadounidense, sobre todo el 19 de julio cuando participó en Nicaragua en el aniversario del triunfo de revolución sandinista, donde fustigó a Estados Unidos.

Luego que el 30 de mayo se accidentó un avión de Taca, con saldo de cinco muertos, en el aeropuerto de Tegucigalpa, Zelaya intentó abrir como terminal aérea civil la base de Palmerola, construida a 70 km al norte de la capital, por Estados Unidos, precisamente en el marco de la guerra fría y actualmente base de unos 500 efectivos estadounidenses.

Pero, a nivel interno, tanto la firma del ALBA como el acto inamistoso contra el embajador Llorens, levantaron una ola de críticas contra Zelaya, al extremo que el ex presidente del Parlamento Centroamericano (Parlacen), Mario Facussé, pidió que «llegó el momento en que el Congreso debería ya sustituir al presidente de la República».

La decisión de Zelaya contra Estados Unidos es «un acto totalmente demencial al pretender romper una relación con un país que realmente nos ha favorecido y del país que dependemos absolutamente», advirtió Facussé.

Mientras el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), en una ola de protestas de distintos sectores, manifestó su «sorpresa» por la decisión de Zelaya y señaló que «para solidarizarse con un pueblo amigo, no se necesita poner en riego las relaciones con otro pueblo amigo».

«Este año se esperan 3.000 millones de dólares en remesas, ni siquiera con el pensamiento un hondureño debería poner en riesgo esas remesas», afirmó el presidente del Cohep, Amílcar Bulnes, en alusión al millón de hondureños que vive en Estados Unidos y que envía desde allí dinero para sus familiares.

Pero Zelaya señaló que la recepción de cartas credenciales sólo se pospuso y que no están en riesgo las relaciones con Washington, pues incluso tiene una viaje después del 21 de setiembre para reunirse con el presidente George W. Bush y otras autoridades de ese país.

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