Pakistán. Juró ayer como la máxima autoridad de la única potencia nuclear musulmana

Zardari, viudo de Benazir Bhutto y ex "Señor 10%", nuevo presidente

Zardari pasó once años en prisión por corrupción (1990-1993 y 1996-2004); tenía otros cargos y condenas pendientes, pero fue exculpado de los primeros y amnistiado de las segundas el año pasado, por el presidente Pervez Musharraf (forzado a dimitir el 18 de agosto), a quien sustituye ahora en el poder.

Pero Zardari, de 53 años, carga aún con una dudosa reputación y, según politólogos y editorialistas, nunca hubiera accedido a la jefatura del Estado si su esposa ­asesinada en diciembre pasado en un atentado suicida­ siguiera en vida y si la elección presidencial fuera por sufragio directo y no por vía parlamentaria.

Los editorialistas, al igual que buena parte de los 168 millones de paquistaníes, dudan de la capacidad de Zardari de convertirse para asumir las riendas de esta potencia nuclear que enfrenta una creciente ola de violencia islamista.

Su mandato de cinco años le da poderes para disolver el Parlamento, destituir el gobierno y nombrar a los máximos responsables del aparato estatal y del ejército.

«Zardari tiene una reputación controvertida, fue acusado ante la justicia, entre otros cargos, de corrupción, extorsión e incluso de asesinato» (de uno de los hermanos de su esposa) cuando Bhutto dirigía el país (1988-1990 y 1993-1996)», recuerda a la AFP el ex diputado Shafqat Mahmood, uno de los grandes editorialistas paquistaníes.

Zardari ha repetido hasta la saciedad que esas acusaciones eran «políticas» y que la justicia ha «reconocido su inocencia», así como la de su esposa, obligada al exilio por los mismos procesos judiciales.

«Pero para muchos paquistaníes, no está limpio ni es inocente» y su cargo de presidente «no es una ventaja para el país», dijo Mahmood. Cuando se casó con Bhutto en 1987, Zardari sólo era conocido como el benjamín de una familia de grandes terratenientes de Sind, provincia del sur y feudo de la dinastía Bhutto, y como un vividor, jugador de polo y aficionado a los buenos coches.

Su esposa se convirtió en primera ministra en 1988, y él se forjó rápidamente un camino hacia la política, obteniendo, principalmente, en 1995, la cartera de ministro de Inversiones, una posición que pronto le valió el sobrenombre de «Señor 10%» por las comisiones que se le acusaba de cobrar. Al final del primer gobierno de Bhutto en 1990, fue encarcelado durante tres años. Lo mismo le ocurrió en 1996, exactamente media hora después de la caída del segundo gobierno de Bhutto. Hasta 2004 no salió de prisión.

Luego se reunió con su esposa en el exilio en Londres y Dubai, de donde regresó un día después del asesinato de Bhutto el 27 de diciembre de 2007, en plena campaña por las elecciones legislativas, en las que hasta entonces no había participado.

Nombrado entonces copresidente del Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) de Bhutto junto a su hijo, dirigió el principal movimiento que ganó las legislativas del 18 de febrero, a pesar de la desaprobación de una gran parte de los responsables de la formación y fieles amigos de la difunta.

«En el mundo entero se levantarán voces para hacerse preguntas sobre este hombre y será muy vergonzoso para Pakistán», resume Rasul Baksh Rais, profesor de la Universidad de Ciencias Políticas de Lahore (este).

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