La Habana fue menos afectada. 4 muertos y 20 heridos, es el saldo

2.600.000 evacuados en Cuba tras paso del Ike

Los daños son los más importantes de la historia y las lluvias torrenciales persistirán al menos 18 horas más. La mayoría de la isla está sin luz.

El huracán Ike entró por Punta Lucrecia, en la provincia oriental de Holguín, el domingo por la tarde y salió por el municipio de Las Palmas, en Pinar del Río en el occidente, ayer por la tarde. Entre un punto y otro hay más de 900 kilómetros de distancia.

Ike implicó una combinación fatal: vientos de más de 120 kilómetros por hora, con rachas que superaron los 190 kilómetros por hora y lluvias torrenciales; en algunas localidades se registraron 500 milímetros en menos de 24 horas.

Los vientos destrozaron viviendas, escuelas, liceos, universidades, entidades económicas, hospitales y centros de salud.

Hay más de 300 mil viviendas dañadas, en una evaluación primaria, a las que hay que sumar las más de 100 mil destrozadas hace nueve días por el huracán Gustav.

Más del 70% de Cuba está sin luz y sin teléfono; cientos de kilómetros de cable, miles de transformadores, miles de torres de alta tensión y miles de postes fueron arrancados de cuajo. Sólo para dimensionar los daños, van dos ejemplos: el municipio de Baracoa, en Guantánamo, donde las olas alcanzaron 15 metros de altura, tiene afectadas el 80% de las viviendas y el municipio de Banes en Holguín, el 75%. Han caído decenas de miles de árboles y se dañaron kilómetros de carreteras y caminos. El impacto sobre la agricultura es profundo. Sólo en Santiago de Cuba el viento tumbó 185 mil matas de café y 150 mil matas de plátano; se perdieron más de 1.500 hectáreas de caña de azúcar. En Villa Clara se perdió el 70% de la cosecha de maíz y plátano.

Aunque el ojo del huracán ya se fue de Cuba y volvió al Caribe, las franjas de lluvias, torrenciales y muy peligrosas, permanecerán sobre la isla al menos 18 horas más.

En la provincia de Camaguey se afirma que son las inundaciones más graves de la historia. Una situación similar se vive en la también oriental Granma, en particular por los ríos desbordados que bajan de la Sierra Maestra.

Aunque todavía las evaluaciones son primarias, los daños parecen concentrarse en el oriente y el centro de Cuba. El impacto sobre La Habana fue menos, aunque los vientos superaron los 100 kilómetros por hora y hay importantes zonas de la capital sin luz.

 

Evacuación y solidaridad

Los evacuados, que alcanzaron a 2.615.000 personas según la Defensa Civil, son una de las prioridades. No se han reportado nuevos fallecidos, luego de los 4 anunciados ayer. Hay cientos de miles de personas que no tienen casa a la cual volver y necesitan todo, alimentos, ropa, medicamentos y lugar de residencia temporal. Otros permanecerán evacuados hasta que las condiciones climáticas ofrezcan seguridad.

Según las autoridades cubanas se asegurará el alimento para todos los evacuados y se toman medidas de vigilancia epidemiológica y de atención de salud.

Las medidas para preservar vidas fueron enormes. Además del elevado número de evacuados, se destinaron previamente brigadas médicas a los lugares donde se esperaba el impacto mayor, se trasladaron a todas las embarazadas a término hacia lugares seguros y con atención personalizada.

Las máximas autoridades de Cuba estuvieron todo el tiempo dirigiendo y participando de las medidas para proteger vidas y recursos. El presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz, habló personalmente con los responsables de la Defensa Civil de las zonas más afectadas y presidió la reunión del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil. Los vicepresidentes José Ramón Machado Ventura y Carlos Lage visitaron las zonas más golpeadas, dirigentes del Partido y oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias dirigen in situ las tareas de recuperación.

Es conmovedor el espíritu con que la gente emprende la reconstrucción y ayuda, la solidaridad es la palabra y la actitud más repetida. La televisión cubana mostró a una mujer que miraba lo que había quedado de su vivienda en la provincia de Guantánamo. Con el agua hasta las rodillas y mirando la cámara, dijo: «Perdimos todo, pero la Revolución no nos va a dejar solos. ¿Pero como están los compañeros de Camaguey y Granma? Cuídense mucho. No están solos, todos los vamos a ayudar».

Igual actitud tuvieron los trabajadores de la empresa eléctrica de Santiago de Cuba. Llevaban 24 horas trabajando sin parar y consultados sobre cómo iban las tareas, la respuesta fue: «Tenemos que terminar para poder ir a ayudar a los compañeros de Granma y de Guantánamo, que están peor, pero vamos para allá, vamos para allá».

En el mismo sentido se puede mostrar el esfuerzo milagroso de los campesinos de la provincia de La Habana para intentar resguardar 22 mil toneladas de alimentos. Lo lograron y un dirigente campesino afirmó a la televisión: «Era un compromiso con nuestros hermanos que están tan mal; no les va a faltar, aquí estamos».

La solidaridad y la movilización conmueven, pero el golpe es muy grande, muy duro. Recuperarse llevará tiempo, mucho esfuerzo y muchos recursos. La solidaridad es decisiva e imprescindible.

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