LA PULGA EN LA OREJA
Este discurso se une a los antecedentes, que ahora se van conociendo, de la candidata a la vicepresidencia que sacaron de la manga, la gobernadora de Alaska, Sarah Palin.
En primer lugar, por lo que McCain no dijo. Al presidente Bush no lo nombró ni una sola vez. Era evidente su intención de desmarcarse, de no quedar pegado a un gobierno y a un presidente cuya popularidad ha caído a nivel de sótano, principalmente por la guerra en Irak y Afganistán y las atrocidades que siguen cometiendo allí las tropas de ocupación, y también por el deterioro económico y las dificultades crecientes para las familias mientras el gobierno se ocupa del salvataje con 200 mil millones de dólares a las empresas que lucraron en forma desmedida con la especulación inmobiliaria. McCain intenta disfrazarse y decirle al electorado que él con eso no tiene ninguna relación, mientras el bando demócrata lo acusa de ofrecer como programa más de lo mismo.
Como era previsible, McCain dedicó toda la parte final de su alocución a tratar de sacarle el máximo de jugo posible a su condición de prisionero de guerra durante varios años en la invasión de su país a Vietnam. Aquí sí llegó al colmo de la indignidad y de la bajeza. Se quejó de que tras ser derribado el avión que piloteaba, lo llevaron a un hospital y le entablillaron un brazo. Dijo que deberían haberlo curado por otros medios.
Entiéndalo quien pueda.
Esto lo afirma el integrante de un ejército que ocupó Vietnam del Sur e invadió el estrecho territorio de Vietnam del Norte con el grueso de su poderío militar, que perpetró masacres de poblaciones enteras, como en My Lai, que quedará en la historia universal de la infamia como uno de los mayores crímenes, parangonables a los de los nazis, tal cual ha sido documentado incluso por realizadores norteamericanos, como Oliver Stone en «Pelotón», que calcinó gran parte de su territorio con el gas naranja y los defoliantes, que arrasó puentes y carreteras, hospitales y viviendas con los bombardeos de los B-52. Así durante una década, a sangre y fuego, hasta que debieron tocar la retirada, derrotados y humillados, por la resistencia gloriosa del pueblo. Y cuando llegó esa hora, los prisioneros de guerra fueron devueltos sanos y salvos, en ejemplo de humanismo y de cumplimiento de las normas internacionales. ¡Y todavía McCain se queja, retrospectivamente, del trato recibido, que lo devolvió a la vida!
En realidad, ésta sería una anécdota sin mayor relevancia, en medio de la campaña electoral, si no fuera un índice elocuente de lo que el candidato republicano proyecta hacer si sucede a Bush en la Casa Blanca. Por algo apuesta en su favor todo el clan belicista, el grupo de los halcones reactivado y que se desplegará al máximo en los próximos dos meses, hasta el 4 de noviembre. Es que en ningún momento McCain ha popuesto el retiro de las tropas de Irak, que es uno de los reclamos centrales de la opinión pública estadounidense. Dicen los cables: «Al contrario de su rival Barack Obama, que pretende privilegiar la diplomacia para reconciliar a Estados Unidos con el resto del mundo y denuncia constantemente la invasión a Irak, McCain se opone al deseo de su oponente de retirar las tropas de Irak como muy tarde a fines de 2010, estimando que esto podría comprometer los recientes progresos obtenidos en el país».
Según la lectura del New York Times, la reciente convención republicana dio lugar a un enfrentamiento «por el corazón de John McCain» entre los halcones y sectores menos duros de la derecha estadounidense. Aunque no creo que merezca dudas el lugar de preferencia del candidato, con sus constantes invocaciones a «la amenaza del terrorismo islámico». Ya lo veremos en forma concentrada en los días que nos separan del 11 de setiembre.
La candidata a la vicepresidencia, Sarah Palin, que saltó bruscamente al proscenio en la Convención, también dijo lo suyo a este respecto. En estos días se ha traído a la luz con toda oportunidad un discurso pronunciado por ella en junio ante estudiantes del ministerio evangélico de su ex iglesia, Wasilla Assembly of God, en el que planteó que EEUU envió tropas a la guerra de Irak para efectuar «una tarea que viene de Dios».
Expresó que uno de sus hijos se había enrolado en el ejército y esperaba su traslado al frente, y comentó: «Nuestros líderes nacionales los están enviando para realizar una tarea que viene de Dios. Tenemos que asegurarnos de que estamos orando por eso, que hay un plan y que es el plan de Dios».
En el tema fundamental de la guerra en Irak, en esas manos está el pandero desde la vertiente republicana.
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