ANALISIS INTERNACIONAL

PALESTINOS IRRECONCILIABLES

Hamás tomó el control de la Franja de Gaza y expulsó a los dirigentes de Fatah del enclave costero en 2007, dejando dividida en dos zonas a la Autoridad Palestina. Desde entonces, Fatah ha acusado a Hamás de intentar repetir un golpe de Estado igual en Cisjordania. De hecho hay dos territorios y dos gobiernos enfrentados.

En los meses que siguieron a la toma de control de Gaza por parte de Hamás, que había ganado las elecciones parlamentarias de enero de 2006, la animosidad entre ambas facciones palestinas se había limitado a una guerra de palabras. Pero hoy la situación ha empeorado. Los combates entre palestinos son muy serios, con una escalada de enfrentamientos armados abiertos, con muertes, detenciones y exilios. Como siempre, los civiles llevan la peor parte.

En el turbio mundillo político de los territorios palestinos son comunes las luchas por el poder entre facciones internas de ambas organizaciones. La lucha entre poderosos clanes gira en torno de la extorsión y el chantaje a empresas, utilizados por los jefes para retener sus zonas de influencia. En forma repetida colocan bombas en salones de belleza, cibercafés y otros establecimientos asociados con la que califican como «decadencia occidental».

Las masacres recíprocas entre los partidarios del Fatah, leales a la Autoridad Palestina y de Hamás, influenciados por un fundamentalismo teológico afín al iraní, son insostenibles. Cientos de víctimas civiles piden refugio en Egipto y en Israel.

Los fundamentalistas que controlan Gaza aspiran a un gobierno excluyente, con el apoyo militar y logístico de Irán. Pretenden ganar terreno en Cisjordania y amenazar así directamente tanto a Israel, al igual que sus aliados de Hezbolá, como a los países árabes vecinos que mantienen relaciones con el gobierno judío.

La oleada de detenciones y las violaciones de los Derechos Humanos entre los palestinos ha aumentado por la virtual guerra civil, según Human Rights Watch (HRW). En su último informe, la ONG incluye documentos con los que demuestra que muchos de los detenidos durante el último año y éste han sido víctimas de tortura y de detenciones ilegales. El informe revela que la lucha política y militar entre Hamás y Fatah ha empeorado gravemente la situación de los Derechos Humanos en los territorios palestinos, en Gaza y Cisjordania.

El primer ministro, Salam Fayyad, uno de los pocos dirigentes palestinos moderados, se quejaba amargamente porque los radicales tenían las arcas llenas gracias al dinero de Irán, mientras que, los verdaderos palestinos que quieren la paz, estaban abandonados a su suerte en esta guerra interna con un vasto arsenal, que incluye cohetes, ametralladoras Kalashnikov, trampas «cazabobos» con explosivos y francotiradores.

Yasser Arafat, que fundó Fatah en 1964, supo unificar a las distintas facciones dentro de las filas palestinas, a veces por medio de la violencia, y otras con el soborno. Y en la mayoría de los casos, con el poder de su personalidad como líder indisputable. Pero tras su muerte ­las causas se ignoran hasta hoy, pues la viuda se niega a develarlas­ las escisiones se hicieron ostensibles. Los sucesores ­incluyendo a Mahamud Abbas, actual presidente de la Autoridad Palestina­ no pudieron frenar la corrupción y las hondas tensiones de los grupos religiosos y políticos. La organización Hamás, que surgió apegada al ejemplo de los Hermanos Musulmanes en Egipto, los que urdieron el asesinato del presidente Annuar Saadat, se ha enfrentado por el control de los territorios con Fatah. Desde entonces, los conflictos registran una escalada que los países occidentales y del Medio Oriente no han podido desactivar.

El histórico Fatah podía haber acabado con Hamás y otros grupos terroristas hace años si hubiera querido y trabajar para construir una democracia y la paz con Israel. Pero nunca quiso. Al contrario, encontró en ellos la mejor excusa para que los occidentales, especialmente Estados Unidos y Europa, les apoyaran. Al fin y al cabo, frente a Hamás o la Yihad Islámica, Arafat se presentaba como la cara amable y razonable del pueblo palestino. O él, o el caos y la violencia. Esa estrategia suicida tiene hoy su consecuencia. Los grupos fundamentalistas que crecieron con la complicidad de la Autoridad Palestina se les volvieron en contra y piden más. De hecho, lo piden todo, incluida la destrucción de Israel, desconociendo los acuerdos firmados por Arafat.

El sueño de un Estado palestino parece hoy esfumarse por culpa y mano de los propios palestinos. Ni Hamás ni Fatah, parecen dispuestos a limar sus diferencias políticas ni a construir una sociedad democrática que termine con la cultura de la muerte. La posibilidad de creación de un Estado palestino independiente parece cada vez más lejana, para desgracia de los palestinos y de su vecino Israel, que tiene que lidiar con los misiles y kamikazes de Gaza y Cisjordania.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje