Escrito por: Egon Friedler
El martes pasado el diario “Financial Times” de Londres publicó un informe según el cual Zardari sufre de distintos problemas mentales. El político pakistaní, que pasó ocho años en la prisión acusado de cargos de corrupción, sufre de problemas de depresión y estrés postraumático. Sus abogados, que utilizaron su enfermedad como argumento para que no compareciera ante la Corte para responder a cargos de corrupción, ahora alegan que sus problemas de salud no son de entidad.
Una crónica del “New York Times” del jueves 27 se hace eco de las revelaciones del diario londinense y cita a un psiquiatra de Nueva York, Philip Saltiel, que trató a Zardari. Según este médico, el candidato presidencial pakistaní sufre de “inestabilidad emocional” debido a su largo encierro y tiene problemas de memoria y de concentración. Sin embargo, los observadores políticos sostienen que si Zardari llegara a perder las elecciones esto se deberá más a su fama de corrupción (su apodo era Sr. 10%) que a su deterioro físico.
Pero esto parece improbable porque sus dos rivales conservadores no despiertan mucho mayor entusiasmo en la opinión pública de su país. Se trata del ex juez Sayed Zaman Sidiqui, que responde a la Liga Musulmana de Pakistán liderada por el ex socio de coalición de Zardari y dos veces primer ministro Nawaz Sharif y de Mushahid Hussain Sayed, a quien se le atribuyen escasas chances porque su partido, que también tiene un tinte musulmán, apoyó sistemáticamente al impopular ex presidente Musharaf.
Según el principal comentarista de política internacional del “Times” de Londres, Bronwen Maddox, es casi seguro que Zardari obtendrá los votos necesarios para ser electo. Eso no quiere decir que el analista británico sea un entusiasta del viudo de Bhutto ni mucho menos. Entre otros conceptos, escribe: “El tiene las peores cualidades de Bhutto: incapacidad para distinguir entre sus intereses privados y los públicos e indiferencia hacia los controles constitucionales del poder. Pero carece de sus virtudes: carisma (un nombre de resonancia popular), energía y una habilidad para hacer creíble la idea de un Pakistán moderno en el que las mujeres pueden aspirar a una igualdad plena”.
Pero aun si Zardari fuera el candidato ideal y su trayectoria fuera inmaculada, sus chances de llevar a su país al siglo XXI son más que dudosas en uno de los países más complicados e ingobernables del mundo.
Pakistán tiene 173 millones de habitantes y es el sexto país del mundo y el segundo país musulmán después de Indonesia por su población. Es también uno de los países en los que el fanatismo religioso tiene raíces más profundas y en el que existen fuerzas muy poderosas interesadas en mantener vivo ese fanatismo.
Cabe recordar un episodio que puso este fenómeno claramente en evidencia. En julio de 2007, luego de que dos “madrassas” (academias coránicas) controladas por clérigos extremistas ocuparan durante varios meses un edificio del gobierno de Islamabad, las autoridades resolvieron hacer frente a este desafío con la fuerza. En la confrontación murió uno de los líderes de la insubordinación y varias docenas de estudiantes. Pero esta confrontación no cambió para nada la influencia y el status de las madrassas. Hay unas 20.000 en Pakistán, de varias tendencias, pero en la mayoría el currículo se limita a la enseñanza religiosa y la enseñanza tiene un carácter extremista y xenófobo.
En julio de 2008 Asif Zardari pronunció un discurso en un congreso de la Internacional Socialista en Grecia en el que denunció a las madrassas en Afganistán y en los distritos tribales de Pakistán de ser centros de política religiosa y fundamentalismo musulmán. Su discurso produjo muchas reacciones negativas de parte de políticos conservadores. Un influyente político en la provincia de Sindh, Dr. Mumtz Ali Memon, advirtió a Zardari contra cualquier intento de iniciar una acción contra las madrassas o de influir sobre su currículo. Recordó que todos los primeros ministros que intentaron controlar las academias coránicas fracasaron y señaló que “las madrassas son las guardianas de las fronteras ideológicas de Pakistán”.
El erudito en el islam iraní-norteamericano Vali Nasr, tuvo ocasión de comprobar qué es lo que esto significa en la práctica. Entrevistó a 70 estudiantes malasios y tailandeses que estudiaron junto a estudiantes pakistaníes en una madrassa de Pakistán. Su conclusión: “Cuando estos jóvenes regresen a sus países, en el mejor de los casos van a ser fogosos predicadores islamistas que predicarán en las mezquitas para que jóvenes vayan a combatir contra los cristianos en Nigeria o en Indonesia. Y en el peor de los casos serán reclutadores o participarán directamente en actos de terror.”
OTRAS NOTICIAS EN LARED21



