OPINION INTERNACIONAL

CHINA EN EL MUNDO DE HOY

A la vez, quedó de relieve a los ojos de todos el papel que ha pasado a desempeñar la República Popular China, el que también se manifiesta en la esfera del comercio mundial (logró su inclusión en la OMC, después de una brega sostenida, en noviembre de 2001) y de las relaciones internacionales en su conjunto. Tantas veces vilipendiada y desconocida, calumniada en proporciones extremas, China constituyó una de las más antiguas civilizaciones del orbe, alcanzando niveles sin paralelo siglos antes de la aparición de las culturas occidentales; luego fue cuna de notables descubrimientos en las más diversas áreas (imprenta, brújula, pólvora) en pleno siglo XII; y víctima de las dos guerras del opio impuestas por Gran Bretaña y también por Francia en el siglo XIX, un capítulo destacado de la historia universal de la infamia.

Nunca olvidaré el impacto que me produjo La Condition Humaine de André Malraux, esa historia lacerante y escrita con la sangre de la gestación de la revolución china, vivida en la profundidad del alma de sus protagonistas. Sabía de memoria pasajes enteros y Carlos Martínez Moreno me los hacía recitar, en las conversaciones del período previo al golpe de Estado en nuestro país. Antes habíamos vibrado con el triunfo de la revolución china del 1º de octubre de 1949, que cambió la correlación mundial de fuerzas a favor del campo socialista integrado por la Unión Soviética, las democracias populares del Este europeo y los países socialistas de Asia, Corea del Norte y Vietnam. Más adelante padecimos en carne propia las angustias del conflicto chino-soviético y la división del campo socialista. Un viejo dirigente del PCU fallecido me narró alguna vez las ríspidas confrontaciones entre Jruschov y Mao Tsé-Tung en la última reunión del movimiento comunista internacional previo a la división. Todo esto nos ha tocado muy de cerca. Hoy nos alegramos con el resurgimiento de China en el concierto de las naciones.

Los resultados del medallero son por cierto significativos. China aparece en primer lugar. Sobrepasa con amplitud en las preseas doradas a Estados Unidos (51 a 36). En tercer término figura Rusia con 23, pero si se le suman los resultados obtenidos por las ex repúblicas soviéticas que figuran en el medallero de oro, sobrepasa a Estados Unidos y se coloca en segundo lugar, con 42 preseas. En el total de las medallas, Estados Unidos aventaja a China ligeramente, por 110 a 100.

Pero al margen de estos resultados, que hablan por sí solos, hemos podido registrar un sentimiento muy vivo de satisfacción que se ha extendido por el mundo y del cual dan cuenta todos los cables (salvo algunos pocos ejemplares contumaces de la maledicencia y la mentira), por el desarrollo general de las competiciones, organizadas a la perfección y donde en un régimen de fair play absoluto triunfaron los mejores, en muchos casos en forma sorpresiva por parte de representantes de pequeños países, y se alcanzaron nuevas metas, inéditas, demostrativas de hasta dónde puede llegar el esfuerzo humano tensado al máximo de sus posibilidades.

Hemos seguido con emoción y simpatía las declaraciones efectuadas al mediodía de ayer por Alejandro Foglia, uno de los 11 deportistas uruguayos que compitieron en los Juegos Olímpicos, quien destacó dos aspectos esenciales: uno, el cariño y el afecto con que fueron rodeados todos los participantes, sin excepción, por los pobladores de la capital china, el clima de cordialidad y comprensión imperante en todos los planos, sin excepción; y otro, la necesidad de realizar un esfuerzo sostenido, organizado y permanente en nuestro país, con nuestra gente, para prepararse a competir en mejores condiciones, para descubrir talentos ocultos y llegar a alcanzar resultados plausibles. El ministro de Turismo y Deportes, Héctor Lescano, compartió esa visión constructiva y comprometió el esfuerzo del gobierno en la dirección indicada.

Ojalá ese espíritu de franca emulación en un clima de paz prevalezca para resolver los grandes problemas que hoy enfrenta la humanidad, en relación con las amenazas belicistas, que resurgen agravadas, y con el hambre que padecen cientos de millones de compatriotas en el planeta Tierra.

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