Paraguay. Bajo el lema de "Una América Latina unida y sin fronteras" y con la presencia de presidentes de izquierda

Lugo inauguró una nueva época

Al igual que en la celebración popular de la víspera en el Campo de Deportes, el acto de transmisión del mando que pone fin a 61 años de dominio incompartido del Partido Colorado transcurrió bajo el lema de «Una América Latina unida y sin fronteras». Dijo Lugo: «Nuestro proyecto cree en la integración, cree en la poesía de la patria sin murallas, cree obstinadamente en la ecuación de fronteras fértiles antes que oclusivas». Y en otro lugar: «Vamos a incorporarnos al continente de la esperanza». Desde Colombia (que envió como representante al vicepresidente Francisco Santos) el diario El Tiempo titulaba (con cierta sorna): «Paraguay ingresa al club de la izquierda».

Al mismo tiempo, el notable discurso de asunción de Lugo fue una vigorosa reafirmación de la independencia y la soberanía nacional de Paraguay, de la defensa ahincada de sus recursos naturales y de su compromiso inequívoco con los pobres y los desheredados, como lo establece el programa de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC). La necesidad imperiosa de un proceso de cambios para ingresar a una nueva época fue el alma del discurso presidencial.

«Excelente discurso» fue la definición de Tabaré Vázquez, con el agregado de que «Paraguay y Uruguay debemos unirnos mucho para trabajar en conjunto sobre los temas comunes». Evo Morales estimó que «se está viviendo un cambio en la región». En la celebración popular del jueves, en medio de la oratoria de Lugo la presencia de la delegación uruguaya (integrada por Mujica y Lucía Topolansky, los ministros Arana y Bonomi, el presidente del Frente Amplio Jorge Brovetto, el intendente Ricardo Ehrlich, los legisladores Rafael Michelini y Eleonora Bianchi) fue ovacionada por el público que desbordaba el campo de juego.

En esa instancia, el vicepresidente de Cuba José Ramón Machado Ventura se refirió a la coalición de fuerzas que llevó a Lugo al gobierno, lo que confirma que estamos viviendo «un nuevo amanecer de América Latina». También mencionó la ayuda solidaria que presta Cuba a Paraguay en materia de atención a la salud y a la educación, a los estudiantes de medicina que se capacitan en la isla y a los éxitos de la «Operación Milagro», que se reproducen en varios países del continente.

Estos dos días tuvieron una marcada impronta popular, con el pueblo venido desde diversos puntos del interior en las calles asunceñas, y de reivindicación de las poblaciones indígenas, lo que viene siendo un rasgo común en América Latina, como lo vimos días pasados en Bolivia y acontece también en Ecuador y otros países. Los ritos ancestrales de servidor del pueblo con que fue investido Lugo en estas celebraciones, al son de sus instrumentos típicos, por parte de las congregaciones de los pueblos originarios, tuvieron ribetes emocionantes y descubrieron las raíces de la nacionalidad. Las palabras de Lugo en ese acto, lo mismo que su discurso de investidura, fueron introducidas en idioma guaraní, que gran parte de la población habla fluidamente, y posee una vibración encantadora.

Otro gran centro de la alocución del flamante presidente fue el de la afirmación soberana sobre los recursos naturales del Paraguay, lo que contiene una inequívoca connotación referida a las represas hidroeléctricas de Itaipú y Yaciretá. Promovió el tema con gran elevación y firmeza. Ya lo habíamos oído al respecto en un seminario en San Pablo previo al III Congreso del PT. Los comentarios giran en torno a la renegociación de los tratados madre de ambas represas con Brasil y Argentina, respectivamente. Al parecer, Lula invitó a su homólogo a visitar Brasil a la brevedad para considerar con amplitud ese tema, que ya viene siendo examinado en puntos concretos por su asesor internacional Marco Aurelio García. Por otro lado hemos sabido (en el curso de reuniones del Grupo de Trabajo del Foro de São Paulo que funcionó en La Paz, como ya lo consignamos, y en Asunción) que al Ingeniero Ricardo Canese, secretario de relaciones internacionales del movimiento popular Tekojoja, le fue confiada la misión de reexaminar la enredada madeja de los tratados de Itaipú, suscritos por los dictadores Alfredo Stroessner y Emilio Garrastazú Médici.

Lo que acaparó la atención en el ámbito interno fue la necesidad de mejorar sustancialmente la situación de los sectores más pobres de la población y de la gran masa campesina, en este caso promoviendo la reforma agraria. Aquí advertimos en Lugo una conjunción armoniosa entre sus convicciones sociales y su vocación pastoral religiosa. Estaban latentes los valores de la Teología de la Liberación en la invocación al peruano Gustavo Gutiérrez y al brasileño Leonardo Boff, y ello se entrelazaba con una visión del Paraguay profundo en la figura de sus grandes creadores literarios: Rafael Barret con El dolor paraguayo; Augusto Roa Bastos que definía al Paraguay como «una isla rodeada de un mar de tierra» y la poesía de Elvio Romero «con los de mi camino: con el justo, el pobre, el perseguido y el rebelde».

La voluntad de cambio recorre como un hilo de engarce los dos discursos de Lugo. Si se pudo derrotar al dominio del Partido Colorado, enquistado en todos los poros de la sociedad y del aparato del Estado, es porque esa voluntad de cambio se hizo conciencia en el pueblo paraguayo, a la vez que encarnó en la figura del nuevo presidente. Este dijo, en una imagen que circuló profusamente: algunos duermen, otros no duermen porque tienen miedo, otros no duermen porque tienen hambre. Esto es lo que hay que cambiar. Así lo recogió el comentario de la calle: hay que cambiar todo. El objetivo es construir una economía sustentable con equidad social; la incorporación de tecnología y de inversiones; una educación para el cambio social y todos los derechos humanos; la lucha contra los factores sociales de la pobreza; la asistencia social, un Estado que dialoga en busca de un pacto social (al que llamó expresamente a los empresarios) y de un futuro compartido; la seguridad alimentaria, la erradicación de la miseria extrema.

En ese programa de cambios se incluye la lucha decidida contra la corrupción galopante que ensombrece la vida del Paraguay. «Hoy termina el Paraguay con fama de corrupción», tituló ABC Color. Como una medida simbólica, Lugo anunció que renunciará a su sueldo de presidente. Lo dijo en la celebración popular, y pidió a todos sus ministros una conducta austera. No lo reiteró en el discurso de investidura.

Ese programa de cambios se ha situado en el centro de la escena paraguaya. «Es difícil, pero no imposible», dijo Lugo. Ultima Hora lo tradujo en estos términos: «El cambio no es imposible»

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