Eva Perón era una fantasiosa y obsesionada

Eva Perón era una persona fantasiosa, obsesionada consigo misma y se rodeaba de aduladores, según un alto diplomático británico que almorzó con la primera dama de Argentina hace más de medio siglo.

El embajador de Gran Bretaña, Sir John Balfour, fue uno de los invitados de Evita y su esposo, el presidente Juan Perón, a bordo del lujos buque de pasajeros «Eva Perón» en su primer viaje a Buenos Aires en 1950, según archivos secretos divulgados el martes.

En un despacho a la Cancillería en Londres, divulgado como parte de una iniciativa hacia un gobierno más abierto, Balfour dijo que estaba fascinado por la personalidad de Eva Perón, pero aclaró que el régimen que ella simbolizaba no le causó buena impresión.

En términos que podrían haberle interesado a la reina del pop, Madonna, mientras se preparaba para su interpretación de Evita en 1996, Balfour describió a Eva Perón como una persona que tenía «un aire de interés en sí misma y una frivolidad extravagante que podría ser enfermiza en el futuro».

«En el caso de la señora Perón, están presentes todos los síntomas de una fatal autopreocupación», agregó.

Su veredicto sobre el gobierno de Perón fue que era en gran medida producto de la técnica del «vodevil», en referencia a la profesión de Eva, quien fue actriz.

«Hay algo irreal y efímero en torno a toda la rimbombante puesta en escena», opinó Balfour.

Y continuó en términos que no hubieran gustado a Eva ni a su esposo: «Argentina es un país latinoamericano adolescente y su adolescencia es de un variedad vanagloriosa, infantil e irracional, dominante».

Desesperadamente buscaba condecoraciones

Un colega de Balfour en la Embajada recordó cómo los diplomáticos en Argentina le contaron que Eva Perón trató de persuadir a los gobiernos belga y holandés para que le otorgaran condecoraciones. El advirtió a la Cancillería que Eva podría tratar de hacer lo mismo con Gran Bretaña.

«Â¡No me extrañaría que ella pidiera la Orden de Garter!», dijo, refiriéndose a una de las más altas condecoraciones británicas.

En el «suntuoso almuerzo» de Balfour con los Perón a bordo del trasatlántico de construcción británica, la pareja presidencial estaba «con el mejor ánimo».

«Un excelente jerez fue servido», recordó Balfour. La botella en que estaba la bebida tenía una etiqueta británica y el propio Perón observó: «Usted ve, incluso el mejor vino español viene de Gran Bretaña». Balfour lamentó que no hubiese whisky escocés.

Eva Perón se puso aún más contenta cuando recibió un poema que Balfour describió como «un exuberante y sin dudas técnicamente incompetente elogio rimado de la señora y de la embarcación nombrada por ella».

Luego Eva describió su rutina de trabajo, que según dijo incluia irse a dormir a las tres de la mañana y levantarse tres horas después. Balfour le preguntó si no sentía como un gran peso su posición de responsabilidad.

«Â¡Responsabilidad!», exclamó ella con un aire de genuina sorpresa. «Pero yo no soy nadie. Sólo soy la sirvienta menos importante de la cocina. La que pela las papas para el chef ¿no es verdad?», le preguntó a Perón, según escribió Balfour.

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