Arrestaron en Pekín a adeptos de Falungong
Cuando miles de personas celebraban el comienzo del nuevo año en la plaza más grande del mundo, miembros de la secta, aislados o en pequeños grupos de entre dos y diez personas, desafiaron a la policía durante varias horas, gritando consignas, lanzando octavillas y enarbolando banderolas rojas y amarillas distintivas de la secta.
En pocos segundos, los miles de agentes de las fuerzas del orden irrumpieron en la inmensa explanada, y comenzaron a tirar a los manifestantes al suelo para después arrastrarlos, a veces de los cabellos, hasta los camiones de la policía. Al menos tres niños fueron detenidos en brazos de sus padres.
Incluso en el suelo, los manifestantes, que no se defendían, fueron golpeados a puntapiés y puñetazos. Una mujer, de unos 40 años, que sangraba abundantemente de la cabeza, fue mantenida boca abajo contra el suelo por un policía que esperaba la llegada de un camión.
Entretanto, empleados de limpieza lanzaban cubos de agua sobre el charco de sangre dejado por los heridos, fregando el suelo para hacer desaparecer los signos de violencia.
En medio de la violencia policial, algunos detenidos perdían sus gafas y sus zapatos. Muchos turistas, de paso por Pekín, señalaban a los manifestantes, aumentando aún más el nerviosismo de las fuerzas del orden.
Los periodistas de la AFP asistieron durante cinco horas a la detención de 700 personas, pero el número podría ser superior. Una adepta de la secta aseguró a la agencia que se había celebrado otra protesta en la plaza a medianoche (a las 16.OO GMT del domingo) y que la manifestación fue reanudada al alba.
Muchos manifestantes fueron arrestados en esa primera manifestación, aseguró, bajo anonimato.
La mujer explicó que Li Hongzhi invitó a sus discípulos a «salir para probar su fe». El mensaje del gurú, exiliado en Estados Unidos, fue enviado hacia el 20 de diciembre a los adeptos vía Internet, declaró.
Li Hongzhi no llamó explícitamente a sus fieles a reunirse en la plaza el 1º de enero pero los miembros de la secta saben que en los días festivos sus detenciones pueden ser vistas por la población, comentó.
«La gente puede constatar que no hacemos nada malo y que somos víctimas de una injustica», añadió la joven, originaria de Pekín y que ya ha pagado en dos ocasiones, con dos meses de cárcel, el hecho de haberse manifestado anteriormente en la plaza símbolo del régimen comunista. Como consecuencia, también ha perdido su empleo de secretaria.
Según Amnistía Internacional, las autoridades chinas endurecieron en los últimos meses la represión contra los adeptos de Falungong, de los que al menos 77 murieron en prisión, a causa de los malos tratos o como consecuencia de las huelgas de hambre.
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