Colombia en la mira
En diario local tituló hace unos días: «Drogas y guerrillas en la mira de Bush», explicitando que «el equipo del republicano cree que la policía exterior actual es extremadamente limitada». Quedaba claro del cable de AP que el presidente electo se proponía superar esas limitaciones. Ya veremos cómo.
Bush, sin remilgos
Se comienza por sostener que Clinton ayudó militarmente a Colombia para combatir al narcotráfico y que evitó mezclarse en la guerra civil que sufre el país. Se agrega que los helicópteros norteamericnaos y el resto de la ayuda no fueron utilizados en contra de los insurgentes de las FARC.
Estas afirmaciones se contradicen con la realidad. Bajo la presidencia que termina, Estados Unidos se ha ido involucrando cada vez más profundamente en Colombia. Suman varios cientos sus asesores militares que ya están actuando en el terreno. Sus helicópteros de combate han participado en enfrentamientos armados con la guerrilla, y desarrollan regularmente misiones de inteligencia contra las FARC. La enorme base militar de Tres Esquinas situada a proximidad de la zona de despeje, está operativa en alto grado, y han activado su base de Manta, sobre el Pacífico ecuatoriano, desde la cual sus aparatos violan la frontera y penetran en territorio de Colombia. Aviones USA son utilizados también para transporte de tropas del ejército colombiano. Clinton viajó a Cartagena de Indias, no para contemplar sus bellezas coloniales sino para propagandear el Plan Colombia, y lo promovió además en la cúpula de mandatarios americanos de Brasilia, aunque éstos se mostraron renuentes y varios (Chávez, Cardoso) francamente opuestos a cualquier forma de intervención en un asunto interno de Colombia.
Siendo esto así, no deja de ser cierta otra afirmación del cable en el sentido de que «el presidente electo George W. Bush quizá no tenga tantos remilgos a la hora de establecer tan sutiles distinciones» (entre el combate al narcotráfico y la lucha contra la guerrilla). Sin ninguna duda.
Intervención, sin límites
Justamente, según nos ilustra AP, «el equipo de Bush cree que la política actual es excesivamente limitada» y se propone saltar las barreras.
Aquí aparece en escena un asesor de política exterior del presidente electo quien, como muchos de su equipo, desempeñó cargos de importancia en el gobierno de Bush padre, un decenio atrás. Se trata de Robert Zoellick, entonces miembro destacado del State Department, quien en un discurso pronunciado ante el Consejo de Relaciones Exteriores en las semanas previas a la elección (mantenido en reserva y que precisamente ahora se da a conocer), dijo: «No podemos seguir marcando una distinción falsa entre la contrainsurgencia y la lucha contra el narcotráfico, (ya que) los narcotraficantes y los guerrilleros forman una peligrosa red».
Poco le importa, por lo visto, que en su hora el presidente Pastrana en documento de su puño y letra haya establecido una divisoria neta entre el narcotráfico y la guerrilla, aunque ahora esté en otra onda, con todos los boletos jugados a la intervención militar extranjera implícita en el Plan Colombia. Y que, por el contrario, quienes están directamente vinculados al narcotráfico y amorralando millones de dólares con la comercialización de la droga son las bandas criminales de los paramilitares de Carlos Castaño, los mismos que masacran impunemente, actuando en forma coordinada con destacamentos especiales del ejército colombiano.
El mencionado Zoellick afirmó asimismo que el tema colombiano es una amenaza «a la seguridad nacional de los Estados Unidos» (que es lo mismo que han reiterado Clinton y Madeleine Albraight hasta el cansancio). En su alocución tropezó, por cierto, con el tema de los derechos humanos, sistemáticamente violados por el ejército y los paramilitares y que, al parecer, preocupa a legisladores demócratas (se menciona en particular a los senadores Patrick Leahy y Paul Wellstone en esa tesitura). Pero zanjó el problema saltándoselo a la torera. «En su discurso de octubre el funcionario no comentó los problemas de los derechos humanos», registra el cable.
Malos augurios
Por su parte, Bush abordó el tema en un discurso pronunciado días antes de la elección, afirmando que la asistencia estadounidense incluida en el Plan Colombia «ayudará al gobierno colombiano a proteger a su pueblo, combatir el narcotráfico y frenar los avances de la guerrilla», metiendo todo en la misma bolsa.
Quiere decir que la intervención se está cocinando a fuego lento, y se acelerará a partir del 20 de enero. Surge en primer plano el componente militar del Plan Colombia, al cual está destinado el grueso (82%) del paquete. El denominado «componente social» del Plan es mínimo, puro papel pintado. En nota anterior hemos detallado los ingredientes militares del Plan, tal cual surge del articulado del propio texto legal, titulado –para que no quepan dudas– «Ayuda para la presión en el sur de Colombia». Ahí, en el sur, está el epicentro de las maniobras en aplicación del Plan; en las cercanías de San Vicente de Caguán, que fuera sede de los diálogos de paz.
Los perros de la guerra
El diálogo de paz está suspendido desde que el gobierno otorgara legitimidad a las bandas paramilitares a través de una entrevista profusamente difundida entre el ministro del Interior, Humberto De la Calle, y el jefe de aquéllas, Carlos Castaño. Mientras tanto, la ONG norteamericana Human Rights Watch denuncia que el Pentágono ya está contratando con agencias de mercenarios (los perros de la guerra) el envío de cientos de militares a Colombia. Por contratos de millones de dólares con las agencias Military Professional Resources Inc. (MPRI) de Virginia y Dyn Corp. Inc. Está actuando en Colombia un millar de esos efectivos, reclutados entre oficiales retirados de «fuerzas especiales» del Pentágono. La primera tiene como antecedente el suministro de efectivos que combatieron en los conflictos armados en territorios de la ex Yugoslavia. Con este mecanismo, de paso, se elude todo control del Congreso nortamericano sobre las actividades de los mercenarios salidos del país, cuya principal preocupación no debe ser el respeto de los derechos humanos, se supone.
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