El presidente argentino, Fernando de la Rúa, gobierna con decretos

Corriendo contrarreloj

Escribe: Isidoro Gilbert

No es bueno para la calidad institucional gobernar sin el Parlamento, aunque un sector de la oposición mire para otro lado: es un mal precedente.

Todo costará. La reforma por decreto del sistema de jubilaciones a futuro provocará otro daño a la Alianza porque pese a las reformas introducidas al proyecto original no impedirá que el Frepaso lo cruce, porque así lo proclamó su jefe, Carlos «Chacho» Alvarez, sobre todo por su olfato político. Va ser un pésimo mensaje para una sociedad que recibe más malas novedades que buenas. Y supone que en otro contexto una reforma hubiera sido posible, pero no aguarda cambios en la economía hasta avanzado el segundo semestre con lo cual, estima, habrá un fuerte castigo electoral, aunque el peronismo no agrande su universo de votos: hay muchas variantes en camino como para temer fugas de sufragios para esos sitios o para Domingo Cavallo.

La reforma se convirtió en clave para el blindaje porque el ministro de Economía José Luis Machinea la incluyó en los compromisos a cumplir ante el FMI, más que por reclamo perentorio del organismo financiero. El Fondo, a mediados de enero estampa su rúbrica para dar luz verde al primer desembolso, 5.000 millones de dólares que deberían ser el santo y seña para lograr que, poco a poco, las tasas desciendan, con la ilusión de que retornen a las que se abonaban antes de que llegaran los huracanes, un 10%. Pero se conformarían con que oscilara entre el 11 y el 11,5%. El temor es que el peronismo tome la bandera de los jubilados en un año electoral, que lo acuse de insensible, como si la política previsional del menemismo no iba dirigida al mismo destino.

La otra señal para los banqueros, la desregulación de las Obras Sociales, pretende explicársela como beneficiosa para las prestaciones, lo que es difícil de sostener; más claro hubiera sido decir que desbroza el camino a un mercado cautivo, a capitales que se buscan con afán e intentar poner freno al déficit de la mayoría de ellas, que siempre termina enjugándose con aportes especiales del Estado. Los dos decretos tienen en común asegurar fondos para el pago de los intereses de la deuda a futuro, el único modo posible en la lógica del modelo de acumulación y distribución vigente. Por eso, son hoy muchos los que piensan si con este sistema es posible impulsar el crecimiento.

Magras perspectivas

Los potenciales 20.000 millones de pesos que serán destinados a la obra pública, son tan apetecidos por el gobierno central como los provinciales y por ello los gobernadores le dieron luz verde para que el presidente apelara al decretazo para ponerlo en funcionamiento: es la única iniciativa real para intentar el despegue.

Las predicciones de crecimiento son magras. En el presupuesto se ha fijado en 2,5% la suba del PBI, pero la norteamericana Merrill Linch supone que no llegará al 1,3%, «Econométrica» piensa en que podría ser del 1,5% pero Miguel Angel Broda, un gurú escuchado en los grupos económicos da un 0,8%. Si llegaran a cumplirse las profecías, los tiempos de cambios en el equipo económico se anticiparían al otoño en algo parecido a la emergencia nacional; es que la economía no generaría recursos para los compromisos externos y el blindaje como en otras cosas, solo se vive una vez.

¿De dónde parten estas proyecciones? Primero, de la caída del PBI del 3,3% en el último cuatrimestre, que haría negativo el crecimiento en el primero de 2001 porque sólo después de mayo-junio estarán listas las licitaciones para motorizar obras y viviendas para ir modificando el deprimido mercado laboral: son potencialmente 400.000 puestos probables, muchos de ellos en provincias angustiadas, lo que explica la buena onda de los gobernadores con la idea del ex ministro de infraestructura, Nicolás Gallo. Otro origen del pesimismo nace de la certeza que el flujo de capitales será magro, insuficiente a todas luces.

No todos piensan en negro: la consultora Moodi’s augura una Argentina sorpresa, creciendo como Brasil, ahora por un excelente momento económico. Tiene en cuenta algunas de las variables positivas: la caída de la tasa de interés en los EEUU, la depreciación del dólar y la mejoría del euro, acercándose a la paridad que conoció cuando dio a luz, combinación que convierte sin flotación ni modificaciones en la convertibilidad un peso exportador mejorando casi un 10% a lo que se suman los mejores precios de gran parte de los productos exportables. «Hay provincias como Entre Ríos, Mendoza, Chubut, Santa Cruz donde la reanimación comercial es fuerte», comenta eufórico un influyente diputado nacional radical.

De esa voz, como de otras del oficialismo, se oye una palabra mágica: expectativas, que habría que cambiarlas, acaso haciendo fuerza colectivamente con el paraguas del blindaje para hacer que los ahorros salgan de los colchones, se gasten o se inviertan, porque además de las obras de infraestructura están las pymes, esas dinamizadoras de empleos postergadas por las tasas usureras en gran parte porque el propio Estado secó la plaza tomándola de los bancos privados y de las AFJP que han hecho su agosto.

Temores de Alfonsín y Alvarez

Pero son esperanzas de una minoría. En el radicalismo más íntimo y en el Frepaso interno, no descartan un escenario de crisis para cuando la canícula sea derrotada por el calendario. En la UCR temen que si la tasa sigue siendo alta y en marzo, mirando bajo el agua, no se ven tendencias de crecimiento después de un verano inevitablemente estacional, se haga imperioso el cambio en la conducción económica. Machinea se puso el casco y él que casi nunca ha viajado al interior a interiorizarse de los problemas, piensa que después de que termine su periplo explicando al FMI y a inversores americanos y europeos sobre las bondades del programa para sus capitales, se hará una agenda para revertir esa falencia. Es la que originó la propuesta de Chacho de dividir Economía, en finanzas y producción y que el ministro tomó como agresiva.

Los que olfatean un futuro difícil tratan de amortiguarlo tejiendo un «blindaje político» que le dé al presidente una base más amplia de sustentación. Es una idea de la que conversan los senadores Carlos Corach y Eduardo Bauzá, serenos operadores de Carlos Menem, con el presidente pero también con gobernadores peronistas. Comprenden que en un año electoral es difícil su implementación, pero si se analiza en frío, no en la calentura de un momento de excepción. En todo caso, ninguno de los presidenciables, Carlos Ruckauf, Carlos Reutemann o José Manuel de la Sota, podría quedar afuera del convenio, pero tampoco el salteño Juan Carlos Romero que tiene sus seguidores entre los mandatarios menos fuertes, o Adolfo Rodríguez Saá. Néstor Kirchner, nunca acordará, tiene su propio proyecto.

Que dos menemistas notorios estén en la primera línea de fuego de esa gestión no es una sorpresa: a los dos y a Menem, les importa no estar ausentes ante la posibilidad de una irrupción de Domingo Cavallo, como el demiurgo para la crisis, con tantos poderes que puedan hacer del presidente un remedo de lo que fue José María Guido, que en lugar de estar sometido a los militares, lo esté a los operadores económicos y modificando el mapa político. Algo se huele: un cambio de Machinea acaso no tenga una estación intermedia llamada Ricardo López Murphy, actual ministro de Defensa, como generalmente se piensa. «Cavallo sólo tiene posibilidades en una situación de emergencia», claman aliancistas informados.

Un flamante tanque de ideas para la comunicación del ex ministro, le ha recomendado silencio absoluto hasta fines de enero. Gran parte de enero lo encontrará en Alemania, Basilea y Davos, ese f
oro mundial de los que hacen los mercados, donde De la Rúa también espera convencerlos de que la Argentina está preparada para recibirlos.

)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje