Una cerveza en una mano, en la otra la correa de sus dos perritos de nariz aplastada…
Rick Schapira es uno de los fanáticos de los ‘happy hours’ para perros que se desarrollan cada semana en el patio de un bonito hotel de Alexandria, un barrio chic de las afueras de Washington. «Por ellos», dice señalando a Teddy y Jingles, sus molosoides miniatura, «el ‘happy hour’ es la atracción de su semana». «Se excitan y corren a la puerta cuando les digo: ¡vamos a la ‘Doggie happy hour'»!, asegura. En Estados Unidos, donde los animales están casi siempre prohibidos en los restaurantes, los ‘happy hours’ especialmente concebidos para recibir a los mejores amigos del hombre así como a sus dueños, son un éxito. En el hotel Mónaco de Alexandria, casi 80 personas y varias docenas de perros se reúnen en el patio interior, en torno a un bar y grandes mesas.
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