Se acabó la ética en el gobierno de Clinton

Nueva York, ANSA

El presidente norteamericano, Bill CLinton, revocó a pocos días de dejar su cargo un reglamento sobre la ética de los altos funcionarios, en relación a los lobbies, que firmó el primer día que llegó a la Casa Blanca.

Las normas derogadas a partir de ayer imponían a los senior officials» del Ejecutivo esperar cinco años antes de «reciclarse» como lobbistas ante los organismos en los que habían trabajado.

A los colaboradores de Clinton obligados al exilio por la victoria de George W. Bush les alcanzará con esperar un año –como preveía una ley de 1978– antes de buscar empleos en empresas encargadas de conseguir contratos y facilidades de parte de las agencias gubernamentales.

La revocación de la prohibición había sido reclamada por muchos colaboradores de Clinton, próximos a quedar desocupados por la llegada de los equipos de Bush a los edificios de Washington.

De hecho, destraba lo que en el idioma político norteamericano se llama «revolving door», es decir, la «puerta giratoria» que antes de la reforma de 1993 permitía un fluido paso de las filas de la administración al sector privado.

«El mercado del trabajo se preanuncia difícil para los clintonianos porque los republicanos controlan tanto la administración como el Congreso», dijo al Washington Post un funcionario implicado en la decisión.

Pero la marcha atrás en materia de ética provocó una ola de polémicas: «El hecho de que haya esperado a último momento antes de tomar esta decisión muestra que Clinton es consciente de su inmoralidad», protestó Fred Wertheimer, de Democracy 21, grupo que lucha por reglas más severas contra la corrupción pública.

La Casa Blanca, por su parte, rechazó las acusaciones. «Es difícil imaginar que los seguidores de Clinton tengan mucha influencia en los hombres de Bush. Tendrán suerte si consiguen que les contesten por teléfono», observó el vocero Jake Siewert.

Siewert también citó un informe de la independiente Brookings Institution, según la cual los cinco años de prohibición habían resultado excesivos para los ex funcionarios, e inútiles en la lucha contra la corrupción.

«Tenía más que ver con la imagen que con la ética», comentó Paul Light, autor del estudio.

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