Preocupa el terrorismo
Madrid, IPS
Ochenta y dos por ciento de las personas consultadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas identificaron el terrorismo como la principal preocupación y como el mayor problema político del país. Hasta hace tres meses, cuando los atentados de la organización ilegal ETA aumentaron bruscamente, ese porcentaje no era superior a 30. Además, el terrorismo como amenaza a la seguridad personal nunca había preocupado a más de 13 por ciento de los encuestados. En la última consulta, realizada en noviembre, esa preocupación fue reconocida por 31 por ciento.
Esteban Ibarra, líder del no gubernamental Movimiento contra la Intolerancia, dijo a IPS que ese incremento se debe a la socialización del sufrimiento provocada por ETA, cuyos atentados afectan a todas las capas sociales. Pocos años atrás, aunque igualmente repudiables, los atentados eran de alguna manera selectivos, señaló Ibarra. Las víctimas eran «un policía, un miembro de las Fuerzas Armadas, algún político. Ahora no, ahora nadie está a salvo de ser una víctima de ETA», advirtió. ETA asesinó a 23 personas desde que en diciembre de 1999 rompió la tregua unilateral que había comenzado un año y medio antes, en lo que se considera la oleada de violencia más fuerte desde 1992, año en el que mató a 26 personas.
Entre esos 23 muertos figura José María Korta, presidente de los empresarios de la provincia vasca de Guipúzcoa, el periodista José Luis López de Lacalle, que era miembro del pacifista Foro de Ermua, y jueces, médicos, policías y políticos del gobernante Partido Popular (PP) y del opositor Partido Socialista Obrero Español (PSOE). También se cuentan en la lista de víctimas transeúntes que pasaban por el lugar donde ETA hizo estallar una bomba. La violencia es particularmente intensa en el País Vasco, que agrupa a las provincias de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya y es una de las 17 comunidades autónomas que integran España. En esa región se registran diariamente atentados contra locales comerciales, bancos, viviendas, transportes colectivos, cabinas telefónicas y automóviles. «En el País Vasco reina un miedo palpable en la vida cotidiana, que hace hablar en voz baja o disimular lo que se piensa, como en los peores tiempos de la dictadura franquista», dijo la periodista Carmen Gurruchaga.
Gurruchaga debió abandonar esa región en 1997, después de que ETA hiciera estallar una bomba incendiaria en la puerta de su casa de San Sebastián, capital de Guipúzcoa, en la que residía con sus dos hijos menores.
ETA (Euskadi ta Askatasuna o Patria Vasca y Libertad, en vascuence) se constituyó en julio de 1959, en plena dictadura de Fran cisco Franco (1939-1975).
Con la democratización sobrevenida a la muerte de Franco llegaron dos amnistías, que incluyeron a miembros de esa organizació. ETA se escindió y uno de sus grupos decidió continuar utilizando la violencia.
En la actualidad sólo ocho por ciento de los vascos justifican a ETA, según una encuesta realizada a principios de noviembre por el gobierno autónomo. En esa misma encuesta, 84 por ciento de los consultados consideraron la violencia etarra un problema grave y que sus métodos no son necesarios para resolver problemas políticos.
El filósofo vasco Fernando Savater, portavoz de la organización pacifista ¡Basta ya!, señaló que ETA es la principal culpable el terror, pero que su persistencia se debe a un clima político del que responsabiliza a los nacionalistas moderados que gobierna el País Vasco desde hace más de 20 años.
Al respecto, una de las mayores expectativas planteadas en el País Vasco es la posibilidad de que en unas próximas elecciones los partidos nacionalistas obtengan menos votos que el PP, el PSOE y la coalición Izquierda Unida (basada en el Partido Comunista) tres fuerzas de ámbito español.
El presidente del parlamento autónomo, Juan María Atutxa, cree que se adelantarán las elecciones legislativas vascas pues, según advirtió este jueves en declaraciones a Radio Euskadi, «la situación política es insoportable».
Mientras, el gobierno de la región vasca dio a conocer un sondeo electoral, según el cual el gobernante Partido Nacionalista Vasco (PNV) volvería a ganar las elecciones, pero el PP y el PSOE juntos tendrían mayoría para formar gobierno, siempre que se mantuviera el ausentismo de los diputados de Euskal Herritarrok, la coalición próxima a ETA.
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