Explotó cohete ruso en vuelo
Moscú, ANSA
La explosión ayer en vuelo de un cohete vector que debía poner en órbita seis satélites y recientemente la momentánea pérdida de contacto con la estación Mir opacaron el fin de año de la industria espacial rusa, relativamente exitoso para Moscú. El balance incluso sería positivo si no fuese por los últimos días, caracterizados en primer lugar por los problemas de la Mir –que deberá ser desmantelada en febrero próximo tras 15 años de servicio– y ahora la pérdida de seis satélites.
El accidente ocurrió poco antes del alba, cuando los técnicos perdieron toda huella del cohete vector «Tsyclone-3″, lanzado algunos minutos antes de la base septentrional de Plesetsk.
El cohete debía llevar en órbita seis satélite rusos: tres satélites militares-espía y tres para telecomunicaciones. Todos resultaron destruidos.
Los fragmentos fueron localizados algunas horas después; habían caído en parte en el Mar Glaciar Artico y en parte en la isla de Wrangler, un territorio afortunadamente deshabitado en el gran norte ruso.
Los únicos testigos de lo ocurrido «fueron los osos polares», subrayó un vocero del centro de control, tratando de ahogar la desilusión en la ironía.
El accidente fue causado por una avería en el tercer nivel del cohete luego que los primeros dos habían realizado regularmente su tarea.
Un incidente cuyas causas resultan difíciles de explicar para los técnicos, debido a que los vectores del modelo «Tsyclone» están entre los más experimentados de la industria misilística rusa. En todo caso, hubo una avería que no es la primera y que confirma nuevamente que la Rusia poscomunista heredó de la Unión Soviética complejos industriales-tecnológicos mastodónticos pero con grandes necesidades de radicales restauraciones e inversiones. No obstante, para la industria espacial el 2000 tuvo también una cara positiva.
De ello está convencido Yuri Koptev, número uno de la agencia espacial de Moscú, quien en estos días subrayó que a pesar de las financiaciones públicas limitadas, el sector mostró más de una señal de recuperación.
No sólo porque tras algunos retrasos Moscú logró dar una nueva contribución determinante al nacimiento de la nueva estación espacial internacional (Iss) –donde dos de los tres componentes de la primera tripulación son rusos– sino también por los resultados obtenidos justamente en el campo del lanzamiento de los satélites.
En los últimos doce meses los vectores rusos llevaron con éxito en órbita 38 (contra los 29 del año precedente), en gran parte por encargo de extranjeros. Una fuente de ingresos cuyo número sigue creciendo, incluso a despecho de accidentes como el de Plesetsk.
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