Un Karadzic combativo dijo que fue secuestrado
Karadzic solicitó justo después de sentarse en el banquillo de los acusados hacer uso del plazo legal de 30 días para declararse culpable o no de los cargos de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad que le imputa el Tribunal Penal Internacional (TPI) para la ex Yugoslavia por su papel en la guerra de Bosnia (1992-1995).
Ante el juez Alphons Orie, el presunto criminal de guerra, de 63 años, compareció con traje azul oscuro, camisa blanca, pelo corto peinado hacia atrás y un semblante serio.
Interrogado sobre la ausencia de abogados a su alrededor, dijo: «Tengo un consejero invisible. He decidido asegurar mi defensa yo mismo, no sólo en mi comparecencia inicial, sino a lo largo de todo el proceso».
Su próxima audiencia tendrá lugar el 29 de agosto, una vez consumido el plazo de 30 días solicitado.
Cuando el juez Orie le preguntó si quería añadir algo más, Karadzic se lanzó entonces en una diatriba confusa, asegurando que fue «secuestrado» por desconocidos antes de ser retenido durante tres días. «Han sido mal informados de la fecha de mi arresto. Hay numerosas irregularidades en lo que concierne mi relación con esta institución (el TPI) y mi comparecencia aquí.
Hay irregularidades en lo que concierne mi llegada aquí», declaró Karadzic. La Justicia serbia asegura que su detención se produjo el 21 de julio.
El acusado sacó a relucir además la teoría sostenida por su familia sobre un acuerdo secreto que habría concluido con el negociador estadounidense Richard Holbrooke para poner fin a la guerra de Bosnia a cambio de su retirada de la vida pública.
«Mi compromiso era retirarme de la vida pública, incluso de la vida literaria», indicó Karadzic. «A cambio, Estados Unidos cumplirían con sus obligaciones», dijo, sin especificar en qué consistían. Holbrooke «hablaba en nombre de los Estados Unidos de América», aseveró.
La familia de Karadzic ha defendido repetidas veces que Holbrooke, negociador ante el ex presidente serbio Slobodan Milosevic, había prometido no entregar al ex jefe político de los serbobosnios al TPI, a cambio de que desapareciera de la esfera pública y política.
Florence Hartmann, consejera y portavoz de la ex fiscal del TPI Carla del Ponte, ya había afirmado en una entrevista pasada con la AFP que antes de 1997, los soldados de la OTAN desplegados en Bosnia no hicieron nada para detener a Karadzic, pese a que éste se desplazaba a sus anchas por Pale, capital de la autoproclamada república serbia de Bosnia.
«Pasaba por delante de sus ojos para ir de su despacho a su villa», explicó entonces Hartmann, recalcando que la OTAN disponía en esa época de más de 60.000 hombres en Bosnia-Herzegovina.
Estados Unidos siempre negó haber pactado con Karadzic.
Al inicio de la audiencia, el juez resumió los once cargos que pesan contra este hombre, durante más de 10 años uno de los prófugos más buscados de Europa, a quien se le acusa de haber orquestado una «limpieza étnica» en Bosnia en un conflicto que dejó más de 100.000 muertos y 2,2 millones de desplazados.
El acusado tenía derecho a escuchar íntegramente el acta de acusación, pero lo desdeñó, asegurando que no estaba «interesado».
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