Vivir en una isla desierta
Londres, ANSA
Un anuncio será publicado en enero en los diarios británicos para el repoblamiento de Bardsey, un islote rodeado de acantilados donde según la leyenda vivió el Mago Merlin y que se encuentra en la península de Lleyn y está prácticamente deshabitado.
La asociación que tomó la iniciativa ya comenzó a estudiar los antecedentes de una decena de personas interesadas en trasladarse a la isla y cultivar la tierra.
No es una empresa para cualquiera. «Quien se decida a adherir al proyecto –explica Simon Glyn, director del Bardsey Island Trust– deberá desembolsar de 20 a 30 mil libras esterlinas (entre 29.000 y 44.000 dólares) para comprar un rebaño, una barca y elementos agrícolas».
«Nosotros pondremos a su disposición algunas chozas para habitar y, más adelante, una escuela y casas para albergar a las familias», agregó. Los Robinson Crusoe que respondan al llamado no tendrán una vida fácil: para alcanzar la tierra firme deberán enfrentar las olas del mar de Irlanda. En la isla podrán contar sólo con la asistencia de dos hermanos que han resistido al éxodo de los últimos cincuenta años.
Como contrapartida de tantos sacrificios podrán formar parte de una de las más amadas leyendas del Reino Unido: Bardsey fue la patria de Merlin, el mago del rey Arturo. «Esta isla tiene una historia larga y fascinante», afirma Glyn. «No solamente es mencionada en la saga del rey Arturo, sino que en la Edad Media era una importante etapa a cumplir por los peregrinos cristianos que marchaban a Roma».
Hace unos 300 años Bardsey era una floreciente comunidad agrícola, aunque hoy está prácticamente abandonada. En los últimos 24 meses, sin embargo, ha tomado fuerza este movimiento para repoblarlo con miras al vigésimoprimer siglo.
«Además, la isla ofrece grandes oportunidades. Basta apenas un poco de ingenio e iniciativa», afirma Glyn.
«Este año llegaron grupos para hacer retiros espirituales y estudiantes de arte. Aquí encuentran un lugar lleno de bellezas naturales y cuando hay buen tiempo la vista hacia el horizonte es infinita, va de Gales a Irlanda», señala Glyn.
Un faro construido en 1821 y un monasterio del siglo XIV son, además, importantes atractivos turísticos.
Pero existe un detalle a tener en cuenta: los nuevos colonos deberán permanecer en el lugar al menos durante 20 años. «No estamos interesados en gente que viene aquí sólo por un fin de semana, lo que queremos es reconstruir la comunidad de Bardsey», advierte Glyn.
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