El cuarto cambio en el himno nacional

Moscú, AFP

La entrada en vigor del himno soviético en Rusia, a partir de este miércoles, es el cuarto cambio de himno nacional en menos de un siglo en ese país.

El himno de la Rusia zarista, que comenzaba diciendo «Dios, protege al Zar», adoptado por Nicolás I en 1834, fue abolido por los bolcheviques en 1918, y reemplazado por la Internacional, el himno del comunismo mundial, compuesto por un francés durante la Comuna de París.

En 1943, en medio de la Segunda Guerra Mundial, y para apoyar su ideología patriótica, José Stalin decidió abandonar la Internacional y brindar a los soviéticos su propia canción nacional.

Entonces, el Kremlin invitó a numerosos poetas y músicos. Sus trabajos duraron varios meses, durante los cuales el «Padrecito de los Pueblos» rechazó 27 textos y 10 melodías.

Pero en setiembre de ese año, Stalin terminó aprobando la melodía del compositor Alexander Alexandrov, y el texto del poeta oficial de la época, Serguie Mijalkov.

Y hoy, nuevamente, son también estrofas escritas por Mijalkov, de 87 años de edad, las que fueron elegidas para acompañar la música del himno nacional, selección que esta vez estuvo a cargo de un grupo de personalidades a quienes encomendó la tarea el presidente ruso, Vladimir Putin.

El nuevo himno soviético que alababa «la unión indestructible de las repúblicas libres reunidas en torno a Rusia» fue interpretado oficialmente por primera vez en marzo de 1944.

Desde entonces y durante casi 50 años, millones de soviéticos se despertaron y se durmieron al compás de ese himno, difundido dos veces por día por la radio, a las seis de la mañana y a medianoche.

En 1993, exactamente dos años después de la caída del régimen soviético, el presidente ruso, Boris Yeltsin, instauró por decreto un nuevo himno, extraído de una obra del compositor del siglo XIX Mijail Glinka, y que había servido hasta entonces a la república de Rusia en el seno de la URSS.

Sin embargo, el «Canto Patriótico» de Glinka, sin texto, nunca fue adoptado oficialmente por el Parlamento ruso, dominado tradicionalmente por los comunistas. Cierto es que la música romántica de Glinka, demasiado elaborada respecto de la marcha de Alexandrov, nunca entusiasmó a los rusos, que no ocultaban su decepción cuando veían a sus glorias del deporte escucharlo sin emoción y no cantarlo.

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