OPINION INTERNACIONAL

El cielo por asalto

«Hace 55 años ­dijo el presidente de Cuba­ un puñado de revolucionarios intentamos tomar el cielo por asalto. Entonces nos impulsó el afán de barrer la ignominia de nuestra tierra y cumplir el propósito martiano de conquistar toda la justicia para el pueblo». Una sobria recordación de aquellos días trágicos precede dicha frase y permite a la vez medir el camino recorrido en este medio siglo. «En los días que siguieron al asalto ­señaló­, este cuartel se bañó de sangre por doquier, desde los calabozos en el sótano hasta el mismo techo del edificio, al cual me subieron una madrugada por varias horas, cuando me condujeron aquí desde San Luis, donde fui hecho prisionero. No se borrará jamás de mi mente la horrenda escena de la sangre ya coagulada de mis compañeros dispersa por toda aquella azotea. Esa terrible imagen (…) sólo podría lavarla la felicidad y la sonrisa de las decenas de miles de niños que han pasado por las aulas de ese gran centro escolar, uno de los primeros cuarteles de la tiranía convertido en escuela. Es parte del fruto de la obra de todo un pueblo y del sacrificio de cuantos han ofrendado la vida por los mismos ideales, desde las luchas por la independencia hasta el presente, en Cuba y en el cumplimiento del deber internacionalista».

A estas conquistas y a la superación de las dificultades en una hora crítica del mundo está dedicada gran parte del discurso, tomando en cuenta que el 71% de la actual población cubana nació después del 1º de enero de 1959 y no vivió esos hechos en carne propia. Recuerda que estamos en medio de una verdadera crisis mundial, que no es sólo económica, sino que se asocia al cambio climático, al empleo irracional de la energía, a lo que se agrega la crisis alimentaria. El presidente del Banco Mundial presionó hace unos días a los países altamente industrializados a participar en la solución del problema, pero éstos hicieron oídos sordos a pesar de que se les propuso contribuir al Programa de Alimentos de la ONU con una cifra muy reducida. Tanto el Banco Mundial como el FMI reconocen que la situación de los alimentos es grave y la empeora la política de EEUU. Es en este cuadro erizado de dificultades que hay que encontrar soluciones y seguir adelante.

Uno de los hechos emblemáticos de la revolución cubana es el aumento de la expectativa de vida. «En 1953, cuando atacamos este cuartel (dijo Raúl Castro señalando el edificio a su espalda) y el de Bayamo, la esperanza de vida de los cubanos era de 59 años». Hoy son casi 20 años más. Esto significa además que los cubanos viven cinco años más que el promedio de los latinoamericanos y caribeños. En estas cifras se integra la reducción sistemática de la mortalidad infantil, que gracias a una lucha persistente de todos los sectores involucrados sitúa a Cuba en posiciones de vanguardia en el continente. La revolución es la prolongación de la vida.

Estos hechos ya habían sido evocados por el presidente ante la Asamblea Nacional el 11 de julio. Con este agregado: «En el pasado imperaban el tiempo muerto, las largas filas de desempleados, el desalojo de campesinos de la tierra que cultivaban y de trabajadores de sus viviendas por no poder pagar el alquiler; no olvidar aquella terrible imagen de niños famélicos, pidiendo limosnas, sin médicos ni escuelas. Para acabar con toda esta injusticia, resumida por Fidel en La Historia me absolverá, han dado la vida miles de compatriotas, incluidos los mártires del Moncada y de Bayamo. Es bueno recordar este cuadro de miserias y desigualdades que heredó la Revolución hace casi medio siglo».

De la evocación del pasado, lanza una mirada sobre el porvenir. Detalla los planes de producción en marcha, particularmente en Santiago y las provincias orientales, sin olvidar las tareas insoslayables de la defensa, «independientemente de los resultados de las próximas elecciones en EEUU». La conclusión es la siguiente: «Los problemas y tareas fundamentales los seguiremos analizando con el pueblo, en particular con los trabajadores, con la misma confianza y claridad de siempre. Así buscaremos las mejores soluciones, sin preocuparnos por quienes en el exterior intentan sacar partido de esos debates. Tarde o temprano, la verdad se impone».

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