La guerra, el hambre, el aborto y la eutanasia fueron sus blancos

Papa condenó "cultura de la muerte" en mensaje navideño

Ciudad del Vaticano, AFP

El Papa apareció cansado y con visibles dificultades para articular las palabras, por culpa de la parálisis de sus músculos faciales producida por la enfermedad de Parkinson, responsable también del temblor de su mano izquierda.

La víspera había oficiado la misa del Gallo, bajo una lluvia persistente, en la misma plaza San Pedro.

«Pienso con preocupación en Tierra Santa, dijo en su discurso, donde la violencia continúa ensangrentando el difícil camino de la paz».

«Y, ¿qué decir de varios países –pienso en este momento particularmente en Indonesia– donde nuestros hermanos en la fe pasan por una difícil situación de dolor y de sufrimiento?».

El Papa denunció igualmente la tentación del hombre de convertirse en árbitro de la vida a través del aborto o la eutanasia.

«No podemos olvidar hoy que las sombras de la muerte amenazan la vida del hombre en cada una de sus fases e insidian especialmente sus primeros momentos y su ocaso natural», afirmó.

«Se hace cada vez más fuerte la tentación de apoderarse de la muerte procurándola anticipadamente, casi como si se fuera árbitro de vida propia o ajena» dijo el Papa.

«Estamos ante síntomas alarmantes de la ‘cultura de la muerte’, que son una seria amenaza para el futuro».

Juan Pablo II expresó su solidaridad con los «niños maltratados, humillados y abandonados, mujeres violentadas y explotadas, jóvenes, adultos, ancianos marginados, interminables comitivas de exiliados y prófugos, violencia y guerrilla en tantos rincones del planeta».

De 80 años de edad, cojeando a causa de una prótesis en el fémur derecho, el Papa renunció este año a dar su bendición «urbi et orbi» desde la logia de la basílica, evitando así recorrer los 500 metros que la separan de sus aposentos.

Desde la navidad pasada, ha cumplido con un programa muy cargado con ocasión del jubileo del año 2000.

Desde el jubileo de los niños el 2 de enero de 2000, hasta el jubileo del mundo del espectáculo el domingo pasado, el Papa ha presidido 25 grandes jornadas.

Pese al cansancio, no ha faltado a ninguna de sus citas semanales con los peregrinos reunidos en la plaza San Pedro para las audiencias generales del miércoles o para las plegarias del domingo.

En el mensaje pronunciado este lunes, el sumo pontífice rindió homenaje a todos aquellos que desde la vida pública «se esfuerzan para que se respeten los derechos humanos de cada uno y crezca la solidaridad entre los pueblos de culturas diversas, para que sea condonada la deuda de los países más pobres y para que se llegue a dignos acuerdos de paz entre las Naciones implicadas en funestos conflictos».

El Papa deseó feliz navidad a «los pueblos que en todas las partes del mundo se orientan con valentía hacia los valores de la democracia, de la libertad, del respeto y de la acogida recíproca, a cada persona de buena voluntad, sea cual sea la cultura a la que pertenezca». También pidió a todos que renuncien «a cualquier forma de violencia, a las guerras, los abusos, los atentados a la vida».

Pese a su fatiga, el romano pontífice pronunció, antes de la bendición, sus buenos deseos para estos días en 59 idiomas, entre ellos el ruso, el mongol, el árabe, el hebreo, el swahili, el maorí y el esperanto.

A partir del lunes, Juan Pablo II pasará unos días de descanso en su residencia de Castelgandolfo, 30 km al sur de Roma.

El próximo domingo, dará su bendición a medianoche a los peregrinos que esperarán en la plaza la llegada del nuevo milenio.

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