OPINION INTERNACIONAL

IRAN : ADIOS A LA LINEA BLANDA

Según informó el 2 de julio el «New York Times» el Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Manoucher Mottaki se negó a repetir su planteo habitual de que Irán nunca renunciará a su derecho al enriquecimiento de uranio, en un almuerzo de prensa en la misión iraní ante las Naciones Unidas, a pesar de que se le hizo la pregunta de manera directa cuatro veces. Por su parte, Ali Akbar Velayati, un consejero del líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, declaró en una entrevista periodística a un diario iraní «que los funcionarios y expertos políticos deberían evitar hacer declaraciones provocativas e ilógicas». Algunos analistas previeron un ablandamiento de la posición de Teherán por el temor de un ataque israelí, luego de un ejercicio aéreo israelí sobre Grecia considerado como un ensayo de ataque a las instalaciones nucleares iraníes.

Pero el fugaz cambio en la posición iraní fue rápidamente revertido pocos días después. Irán realizó una prueba con misiles de largo alcance, Shahab 3, con un alcance de 2000 kilómetros, que podrían llegar a territorio israelí. Por su parte, un vocero del líder supremo iraní dijo que «Irán prenderá fuego a Israel y a la flota norteamericana en el Golfo como respuesta a cualquier agresión norteamericana a causa de su programa nuclear». En el mismo tono de confrontación, el jefe del ejército iraní, mayor general Hasan Firuzabadi, dijo el sábado pasado que la estrategia de Irán es mantener el estrecho de Hormuz abierto pero que «en caso de que los intereses del país sean puestos en su peligro, no dejaremos pasar a ningún barco», lo que pondría en peligro el transporte de casi el 40% del petróleo del mundo. El endurecimiento de la posición iraní no se limita a las promesas de represalias en caso de un ataque a sus instalaciones nucleares, sino también al campo diplomático. Según el «New York Times» Teherán habría rechazado la última oferta de «congelamiento de las sanciones a cambio del congelamiento del proyecto nuclear iraní» de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad además de Alemania, diciendo que «El tiempo de las negociaciones desde una posición condescendiente de desigualdad ha terminado». Asimismo, la diplomacia iraní habría rechazado las últimas propuestas del representante de la Unión Europea, Javier Solana, denunciando cualquier clase de sanciones como «ilegal». La línea dura de Teherán no solo preocupa a Israel, a Estados Unidos, Europa y las principales organizaciones internacionales, sino también a los países de la región. En el influyente diario árabe «Asharq Alawsat» que se edita en Londres, escribe uno de sus principales columnistas, Abdul Rahman al Rashed, en un artículo titulado : «¿ Una batalla por el estrecho de Ormuz?» : «Es probable que la mayor parte de los países apoye el uso de la fuerza por dos razones : en primer lugar, porque el petróleo del Golfo se dirige hacia la mayor parte de los países asiáticos por esta vía, principalmente China, Japón y la India, además de los países europeos, que apoyarán una guerra para proteger el estrecho, en caso de que sea necesario. El estrecho no pertenece únicamente a Irán, como sucediera con el Sinaí con Egipto ; es un lugar de pasaje internacional y también pertenece al sultanato de Omán. El estrecho de Ormuz es la única salida para Irak, Kuwait, Bahrein y Qatar, mientras los Emiratos Árabes Unidos y Oman tienen orillas en el golfo de Oman y Arabia Saudita da al Mar Rojo.» Más adelante, dice Rashed : «Quizás el objetivo de las frecuentes amenazas de Irán es generar miedo en los países del Golfo para que traten de influir sobre los Estados Unidos para que no se involucre en ninguna acción militar. Sin embargo, el efecto es opuesto al deseado». ¿A qué se debe que Teherán cierre sistemáticamente la puerta a todas las alternativas de negociación y actúe como si quisiera no dejar a sus enemigos otra opción que la confrontación militar? Hay varias interpretaciones : una podría ser la creencia en la idea mesiánica shiíta de acelerar la venida del Imán oculto mediante una guerra, a la que presuntamente adhiere el presidente Mahmud Ahmadinejad y algunos de sus amigos y partidarios entre los Guardianes de la Revolución. Otra podría ser la vieja fórmula de que no hay nada mejor para hacer frente a una situación interna difícil que un conflicto externo. Por ejemplo, John Leyne, de la BBC, comenta que la economía iraní es un caos y que pese a los altos ingresos del petróleo, la inflación se acerca al 30% anual y hay un alto desempleo.

Pero la economía no es lo que preocupa a Ahmadinejad, a la clase teocrática iraní y a los grupos militares y paramilitares del régimen, porque ningún precio les parece demasiado caro para financiar la extensión de su «revolución islámica» en el Medio Oriente. Su preocupación esencial es la Jihad que desde su punto de vista llevará a la conversión de un mundo regido por «infieles» en un mundo dominado por el Islam.

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