El G8 acuerda medidas contra Zimbabue y advierte a Norcorea
En su declaración final, los líderes de las ocho naciones más ricas del planeta (G8) dijeron: «Vamos a dar pasos para introducir medidas financieras y de otro tipo contra los responsables de la violencia» en Zimbabue.
El texto, en un lenguaje sumamente diplomático, evita hablar abiertamente de «sanciones», una perspectiva rechazada en el seno del G8 por Rusia y también por numerosos dirigentes africanos invitados a Toyako.
Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania defendieron una línea dura contra el régimen de Robert Mugabe, que hace 15 días juró su sexto mandato presidencial consecutivo, resultado de una polémica segunda vuelta electoral en la que fue el candidato único.
La declaración del G8 expresa la «grave preocupación» de sus miembros frente a la situación en Zimbabue y rechaza la «legitimidad» del nuevo gobierno.
Desde Harare, el régimen zimbabuense aseguró el mismo martes que «pronto» iba a retomar el diálogo con la oposición, para intentar sacar al país de la crisis que atraviesa. El líder del partido opositor, Morgan Tsvangirai, negó que se estuvieran preparando tales negociaciones.
Respecto al programa nuclear de Corea del Norte, los dirigentes de las ocho potencias mundiales reconocieron «el progreso realizado desde el año pasado en las negociaciones a seis» sobre el dossier nuclear norcoreano, con la participación de las dos Coreas, Estados Unidos, China, Japón y Rusia.
El G8 destacó «la importancia del rápido desmantelamiento de todas las instalaciones nucleares existentes y el abandono de todas las armas nucleares y de todos los programas nucleares existentes» de Corea del Norte.
El inventario sobre las actividades nucleares entregado por Pyongyang a finales de junio supone «un paso adelante», pero «una verificación completa de la declaración es de una gran importancia», añadió el texto.
Esta lista fue un elemento capital del acuerdo según el cual el gobierno norcoreano aceptó desactivar, y después desmantelar, su programa nuclear, a cambio de una ayuda equivalente a un millón de toneladas de petróleo y de una posible normalización de sus relaciones con Estados Unidos.
Corea del Norte destruyó simbólicamente el 27 de junio una torre de su reactor nuclear de Yongbyon, espina dorsal de su programa nuclear militar.
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