OPINION INTERNACIONAL

MCCAIN EN COLOMBIA

McCain llegó a Colombia (a la hermosa ciudad colonial de Cartagena de Indias) en una situación de gravísima crisis institucional. La Corte Suprema de Justicia dictaminó que la reelección del presidente Uribe en 2006 estuvo viciada de irregularidades (compra de votos de congresistas para votar la ley, probada en el caso de Yidis Medina, que está presa). Como réplica, Uribe acusó a la Corte de «cómplice del terrorismo» y propuso convocar a nuevas elecciones presidenciales, lo que fue calificado por todos los sectores, incluso por miembros de su propio elenco, como «el más terrible absurdo», cuyo único propósito es lograr una nueva reelección y perpetuarse en el poder. Las desavenencias de Uribe con la Justicia vienen desde que ésta acusó a 80 parlamentarios uribistas de conexiones con las bandas paramilitares (y narcotraficantes a la vez), y 32 de ellos están encarcelados, así como varios gobernadores y jefes de los servicios de inteligencia.

Esto colocó a McCain en situaciones embarazosas, como pudimos comprobarlo el martes por su conferencia de prensa en Cartagena a través de CNN. No pudo responder a estos señalamientos sino con vaguedades. Pasó como sobre ascuas las preguntas sobre las relaciones del gobierno de Uribe (que a su lado no dijo una palabra) con los paramilitares. Menos aún cuando se le informó que el área sembrada de coca había aumentado en 27% y que había 22 carteles nuevos de la droga y se le preguntó en qué se habían invertido los 3 mil millones de dólares del Plan Colombia (incrementados luego con las millonadas del Plan Patriota), ya que Colombia sigue siendo el principal proveedor de droga a Estados Unidos, conjuntamente con México, el próximo destino del senador candidato.

Se recogieron también en la conferencia de prensa las denuncias de Human Rights Watch sobre las violaciones de los DDHH por parte del gobierno de Uribe, en particular el asesinato de 28 líderes sindicales en lo que va del año, que se suman a los centenares ejecutados por las bandas paramilitares en connivencia con el ejército. Esto se vincula al TLC entre Colombia y EEUU, ya que todos los sectores de oposición al mismo alegaron como una razón más las violaciones de DDHH perpetradas en Colombia. McCain votó el TLC y en la conferencia de prensa se comprometió a que éste será aprobado, respondiendo al interés manifiesto del presidente Uribe. Es una promesa vana y mentirosa, porque el TLC está muerto y enterrado. Barack Obama no lo votó, y una aprobación del mismo sería la tumba de los demócratas, que son la mayoría en el Congreso (aunque a veces no se note, como ocurrió al votar sin ninguna condición 162 mil millones de dólares suplementarios para las guerras en Irak y Afganistán, donde las tropas de EEUU y la OTAN acaban de sufrir las mayores pérdidas el mes pasado).

Acompañando a McCain en su gira vimos al senador Joe Lieberman, un ejemplo inigualado de tránsfuga, ya que cambió de bando después de haber sido el compañero de fórmula de Al Gore en la dupla presidencial demócrata contra Bush-Cheney.

Jaime Caycedo, secretario general del PC colombiano y concejal por Caracas, dice que «la visita de McCain es un signo de arrodillamiento del gobierno de Uribe ante la derecha gobernante en EEUU», y agrega: «Es el pretendiente a suceder la política de ‘guerra infinita’ y ‘antiterrorismo’ patentada por Bush. Mientras la economía de EEUU se sacude y crece el descontento con la guerra de Irak, McCain es el continuismo. En nombre de ese continuismo viene a Colombia. Piensa que su aliado Uribe le dará votos. Uribe pretende engañar a la opinión nacional con la teoría de que el eventual triunfo de este candidato va a significar la aprobación del TLC, algo que ni siquiera dependería de su voluntad sino de la relación de fuerza en el Parlamento, dominado por los demócratas». Señala luego que la visita coincide con el relanzamiento de la IV Flota de guerra y se pregunta por qué el gobierno colombiano invita a McCain precisamente cuando está en desarrollo la Unasur y su Consejo de Defensa. La respuesta es: «Está en marcha un nuevo capítulo de la alianza militar que inauguró el Plan Colombia. Uribe confía en que esa alianza le gane confianza para una segunda reelección. Y McCain quiere mostrar que la derecha republicana y el guerrerismo aún tienen aliados en América Latina. Es probable que uno y otro se equivoquen».

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