OPINION INTERNACIONAL

LA IV FLOTA DE INTERVENCION

El líder cubano señaló que «los portaaviones y las bombas nucleares con que amenaza a nuestros países sirven para sembrar el terror y la muerte pero no para combatir el terrorismo y las actividades ilícitas», que eran los pretextos esgrimidos por el gobierno de Bush para resucitar la IV Flota. Ahora el jefe de operaciones de la Marina, Gary Roughead, dice que el objetivo de estas fuerzas navales es «fomentar la confianza entre las naciones a través de esfuerzos de seguridad colectivos», pero es exactamente al revés. Se trata de un mecanismo para la agresión, montado contra Venezuela y otros países de la región. Recordaba en aquella instancia Fidel Castro que «la decisión de restablecer la IV Flota se anuncia en la primera semana de abril, casi un mes después de que el territorio de Ecuador fuera atacado con bombas y tecnología de EEUU y por presión suya, matando e hiriendo a ciudadanos de diversos países, lo cual causó profundo rechazo entre los líderes latinoamericanos en la reunión del Grupo de Río» en Santo Domingo. También el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, expresó en el reciente Encuentro del Foro de San Pablo en Montevideo que el relanzamiento de la IV Flota tenía por objetivo atemorizar a los países de nuestra América.

La creación de la IV Flota estuvo justificada en el curso de la Segunda Guerra Mundial por las actividades de los submarinos nazis en los mares venezolanos y del Caribe, al punto de que lograron hundir varios buques y transportes petroleros y en febrero de 1942 torpedearon al buque «Buarque» de bandera brasileña en el puerto de La Guaira. Hay una amplia bibliografía (como las memorias del canciller venezolano de entonces, Parra Pérez) que describe los acuerdos con el embajador Frank Corrigan y el almirante Chandler para contrarrestar la guerra submarina de los nazis. La IV Flota sirvió a ese propósito. Un lustro después del fin de la guerra, en 1950, fue desmantelada y sus unidades pasaron a otros destinos. Se reactiva precisamente ahora, 58 años después, y no por casualidad, en una situación de tenso enfrentamiento de la potencia imperial con Venezuela, con Cuba, en otro plano con Bolivia y con Ecuador, y cuando está agudamente en tela de juicio su política respecto al continente en su conjunto.

Fidel Castro volvió a mencionar a la IV Flota como «una fuerza intervencionista y amenazante» en su Reflexión dedicada a la Cumbre de América Latina y el Caribe con la Unión Europea, realizada en Lima el 15 de mayo, agregando que uno de los países allí representados (no es difícil averiguar cuál es) acababa de realizar «maniobras combinadas con un portaaviones de EEUU de tipo Nimitz, dotado de todo tipo de armas de exterminio en masa». EEUU procura por todas las vías consolidar a Colombia como su principal aliado en la región y también por llevar a la rastra a países como Perú.

La IV Flota rediviva va a operar en conexión con el Comando Sur, que agrupa al conjunto de las fuerzas armadas de EEUU destinadas a América Latina. Su jefe, el almirante James Stavridis, está desde hace casi dos años al frente y se ha dedicado a recorrer los países de América Latina (y algunos dos veces, como Perú). Se ha señalado su participación directa en la invasión de territorio ecuatoriano por parte de tropas colombianas el 1º de marzo, así como su injerencia en la divulgación de la muerte de Manuel Marulanda, ya que ­según reveló en oportunidad el dirigente del Polo Democrático Jaime Caycedo- realiza el rastreo satelital de la geografía colombiana y detenta el control total de las comunicaciones.

Estos hechos se inscriben en la exacerbada política de guerra de la administración Bush al final de su mandato, que es causa de que su nivel de aceptación se arrastre por el suelo. En aras de esa política pretende instalar sus bases militares en América Latina: una en Perú para reemplazar a la de Manta en Ecuador, de donde serán expulsados inexorablemente en 2009; otra en la Guajira colombiana para sumarla a la de Tres Esquinas, y la de Mariscal Estigarribia en Paraguay, entre otras. En la misma línea acaba de dotar de más recursos al Plan Colombia, reactivó la Iniciativa Mérida para México y Centroamérica y el Plan Balboa; y logró que el Congreso le vote 162 mil millones de dólares adicionales para las guerras en Irak y Afganistán, sin ningún compromiso de retiro de tropas, lo que fue avalado por los demócratas.

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