Los etarras dejaron pistas tras su huida
Madrid, AFP
«El guardia que no esperaba ser héroe», escribió ayer jueves el diario catalán La Vanguardia en referencia a Juan Manuel Gervilla, el agente asesinado por los etarras cuando preparaban un atentado con coche-bomba, según fuentes de la lucha antiterrorista española.
Gervilla, vigésimotercera víctima de ETA desde principios de este año, recibió dos disparos a bocajarro cuando se disponía a detener a los dos hombres, que empujaban su automóvil averiado.
El vehículo, que contenía 13,5 kg de explosivos, debía probablemente estallar al paso de una personalidad, según las mismas fuentes, y la acción del agente lo impidió.
Pero la intervención de Gervilla obligó también a los etarras a cometer errores y a dejar huellas, según el ministro español de Interior Jaime Mayor Oreja.
Así, la policía encontró indicios y huellas digitales en el vehículo que no hizo explosión. En su huida, los dos hombres abandonaron también el cargador de una Parabellum, el arma habitual de ETA que sirvió para asesinar, el pasado 21 de noviembre en Barcelona, al ex ministro Ernest Lluch.
Según los investigadores, estos indicios podrían conducir a la identificación y desmantelamiento del comando Barcelona, el más activo de ETA este otoño, sobre el que pesan también los asesinatos de los concejales del Partido Popular (PP, conservador, en el poder en Madrid) José Luis Ruiz Casado y Francisco Cano.
Hay además una decena de testigos presenciales del asesinato del miércoles y el propio Mayor Oreja dio una descripción de los etarras en la radio, al tiempo que pedía la colaboración ciudadana.
La policía fue puesta en estado de alerta máximo en Cataluña y las autoridades pusieron una línea telefónica a la disposición de los barceloneses que puedan aportar alguna información. Un método que ya mostró su eficacia, pues el comando Andalucía de ETA fue desmantelado en parte gracias a la ayuda de los testigos.
La policía analiza también las grabaciones de las cámaras de vigilancia de algunos comercios de la zona donde se cometió el asesinato y parecía haber localizado a un tercer sospechoso, una mujer, posible componente del comando, que completaría la organización tradicional de las estructuras activas de ETA.
Según un balance del ministerio de Interior, 792 personas, civiles y militares, murieron en atentados de ETA desde que la organización armada –que reivindica un País Vasco independiente que incluya a vascos españoles y franceses así como a Navarra– tomó las armas en 1968.
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