Comenzó su presidencia con un saxofón

Bill Clinton se va dirigiendo una orquesta sinfónica

Nueva York, ANSA

Con un gesto de sabor simbólico, Bill Clinton subió al escenario del director y con la batuta en la mano, condujo la National Symphony Orchestra en un repertorio de banda.

El ex «peón» de Arkansas que, en su debut, sorprendió a Estados Unidos deja la Casa Blanca con un índice de popularidad propio del Guinness de los récords.

Ocho años atrás, cuando se sabía poco de él, el primer saxofonista fue saludado con entusiasmo como el primer presidente de la generación del rock.

Hoy de él se sabe todo o casi, en particular gracias al escándalo Mónica Lewinsky, sin embargo con un triunfal 66 por ciento Estados Unidos le hizo saber que lo recordará.

Fue pues apropiado que, en el papel del «Music Man» de un show de Broadway, Clinton haya tomado la batuta de Leonard Slatkin en la mano para decir adiós a las estrellas de Hollywood, de la cultura y de las artes que, por ocho años, sostuvieron en la buena y en la mala suerte su desempeño como presidente.

La ocasión fue la fiesta para 500 celebridades en el lado sur de la Casa Blanca durante la cual Clinton y la Primera Dama, Hillary, entregaron la prestigiosa medalla de las artes a una diva como Barbra Streissand, a la poeta Maja Angelou, al bailarín Mikhail Barishnikov, al empresario musical Quincy Jones y al violinista Itzhak Perlman.

«Las artes son lo que une a Estados Unidos», dijo Clinton abriendo los brazos en un crepuscular destello a los protagonistas célebres de una presidencia en el ocaso.

Fueron ellos Angelou, la poetisa negra, que interpretó una composición la helada mañana del 20 de enero de 1993 en la que Bill Clinton asumió la presidencia y Jones, que fue el «realizador» de la celebración musical al aire libre con Aretha Franklin y Yo Yo Ma.

Y Streissand, la gran diva, que en el baile inaugural cantó para Clinton envuelta en un sinuoso vestido blanco que evocó en la memoria de Washington el fantasma de Marilyn Monroe.

«Cómo pueden imaginarse vivimos días de gran nostalgia», admitió la señora Clinton colocando una piedra sobre los rumores que ocho años atrás señalaron a Streissand como la amante secreta de Clinton.

Entonces, entre los tantos rumores, corría también aquel de que la Primera Dama de la canción quería ser senadora.

Los roles hoy se invirtieron y es la primera dama quien dentro de pocas semanas se sentará en el Senado en la banca que conquistó por el estado de Nueva York en las elecciones de noviembre.

La memoria de muchos viajó a aquella fría noche de enero cuando se estrecharon en torno de Clinton las estrellas de Hollywood en delirio por su nuevo divo.

Eran ellas Susan Sarandon, Laureen Bacall, Whoopy Goldberg, Robert De Niro, Sigourney Weaver y Christopher Reeve antes de su trágica caída del caballo, quienes habían llevado al triunfo al primer presidente en la historia de Estados Unidos, nacido inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.

Muchos de ellos se preparan hoy para dar la espalda a la Casa Blanca, una vez que Clinton la deje.

En los salones de Pennsylvania Avenue, con el sucesor George Bush en el poder, la representación de Hollywood se podrá contar con los dedos de la mano: Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger, el viejo Moisés ahora armado, Charlton Heston, y la ex bella de «10», Bo Derek.

Marilyn Manson, el maldito del rock satánico, se proclamó republicano pero a la Casa Blanca no lo invitará nadie, es excesivamente provocador.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje