Bush y el Plan Colombia
Escribe: Niko Schvarz
A lo largo de la campaña electoral, el candidato republicano no dejó ninguna duda acerca de su apoyo a la política intervencionista de sucesivos gobiernos.
Desde la guerra del Golfo lanzada por su padre en 1991, cuando aún estaba fresco el recuerdo de la invasión contra Panamá, a las agresiones y sanciones contra Irak, Libia y Cuba, culminando con los ataques a Serbia y las masacres de Kosovo.
Colin Powell y la guerra del Golfo
El próximo secretario de Estado dirigió un batallón en Corea, sirvió en la guerra de Vietnam y fue jefe del estado mayor conjunto durante la guerra del Golfo Pérsico. Esa guerra que los norteamericanos veían por TV desde el living, con los misiles sembrando destrucción y muerte en Bagdad y los soldados irakíes enterrados en la arena bajo las orugas de los tanques en la recordada operación «Tormenta del Desierto».
Este fue el preludio de las operaciones militares del fin de la década en Kosovo. Ahora se demuestra que en la agresión a Yugoslavia se utilizó uranio empobrecido, perpetrando un verdadero crimen de guerra, como consecuencia del cual militares italianos que prestaron servicio en los Balcanes murieron de cáncer o leucemia. Pero los mandos militares yanquis se lavan las manos diciendo que el comando de las operaciones estuvo a cargo de la OTAN, y la fiscal del Tribunal penal Internacional de La Haya, Carla del Ponte, le responde en forma oportunista al presidente yugoslavo Kostunica que el organismo no es competente en la materia. Mientras la impunidad campea por sus respetos, las tropas USA siguen ocupando, sin límite de tiempo, una zona del corazón de Europa.
Gobierno colombiano y paramilitres
Apenas asuma Bush tendrá el Plan Colombia como un gato sobre la mesa oval, en medio de una situación extremadamente agravada en dicho país por las actuaciones del gobierno de Andrés Pastrana.
El presidente afirmó públicamente, en diálogo mantenido con el comandante de las FARC, Manuel Marulanda, en la zona de despeje del Caguán, que el combate al paramilitarismo era obligación del Estado. Pero en los hechos, las bandas asesinas de Carlos Castaño (AUC) actúan coludidas con destacamentos bien individualizados del Ejército, y gozan de la más absoluta impunidad para masacrar campesinos y perpetrar crímenes políticos contra dirigentes del movimiento popular.
En ese cuadro, la gota que desbordó el vaso fue la reunión ostensible entre el ministro del Interior, Humberto De la Calle, y el jefe de las bandas paramilitares, lo que fue considerado como una provocación contra el proceso de paz, tendiente a liquidar la zona de despeje y acelerar la aplicación de la componente militar (ampliamente mayoritaria) del Plan Colombia.
No otra cosa es lo que están reclamando, en forma concertada, las fuerzas representativas del gran capital, las cámaras empresariales que azuzan la confrontación bélica, los grandes latifundistas que forman sus propias guardias armadas y amplían sus propiedades a costa de los dos millones de campesinos desplazados, algunas altas jerarquías de la Iglesia que llaman a la guerra santa contra la insurgencia. A la política del gobierno conservador se suma el gavirismo, sector que responde al actual secretario general de la OEA y ex presidente liberal César Gaviria, quien desde Washington propicia la invasión tras el Plan Colombia y apoya el virtual terrorismo de Estado que aplica el ejército.
Como pretexto de la recepción a Castaño por parte del gobierno se adujo un ridículo autosecuestro de siete parlamentarios, que desaparecieron temporalmente con maletas de viaje, trajes de baño y botellas de whisky incluidos. Antes se había montado la provocación del asesinato de la señora Elvia Cortés con un collar-bomba, que se desvaneció en menos que canta un gallo.
Las FARC congelaron el diálogo de paz hasta que el gobierno no demuestre en los hechos su voluntad de combatir al paramilitarismo. Acuciado por la opinión pública Pastrana acaba de prorrogar por 55 días la vigencia de la zona de despeje, sometiéndola a determinadas restricciones.
El atentado contra Wilson Borja y otro asesinato
Lo que no se detiene es la ola de atentados y asesinatos, a manos de fuerzas armadas disfrazadas o no de paramilitares. El día 15 sufrió un gravísimo atentado Wilson Borja, presidente de la Federación Nacional de Trabajadores al servicio del Estado y dirigente del PCC. Salvó su vida por milagro, quedando herido de consideración al igual que su escolta, y resultó muerta un señora que vendía café en las inmediaciones. Borja hizo la denuncia pública del atentado, pero no sólo no pasó nada, sino que al día siguiente en Villavicencio, capital del departamento del Meta, fue asesinado Jairo Navarro, militante de izquierda, ex dirigente de la Unión Patriótica (que cuenta en sus filas un número imponente de asesinados) y profesor universitario. El día 14 fue secuestrado en Cali por varias personas con uniforme policial el abogado Fernando Cruz Peña, defensor de los derechos humanos.
Se conocen planes para segar la vida de dirigentes de izquierda, líderes sindicales, universitarios, defensores de DDHH. En Pasto, Popayán, Cali, Barrancabermeja, Barranquilla, Arauco, incluso Bogotá, se palpa en el aire un ambiente de hostilidad y amenazas, que obligaron a desplazarse a decenas de personas situadas en la mira.
Chávez en la mira
En la misma situación se encuentra el presidente venezolano Hugo Chávez, por la exclusiva razón de que no comulga con las ruedas de molino del Plan Colombia. Contra él dispara su artillería pesada el ex presidente liberal Alfonso López Michelsen. También en este caso liberales y conservadores están a partir un confite.
López le reprocha al mandatario de Venezuela que se ría de las sanciones de EEUU, que visite a Khaddafi, y –pecado irredimible– «siendo así que hay un embargo para los que negocian con Cuba, él no sólo negocia sino que subsidia el suministro de petróleo».
Peor aún a los ojos de este perfecto amanuense del imperio, representantes de las FARC asistieron a un foro en la Asamblea Nacional de Caracas (como han estado por todo el mundo). Chávez reunió en Caracas a la OPEP y propició un encuentro de los países bolivarianos. Alguna gente le huye a todo esto como el diablo a la cruz.
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