La gobernabilidad está en riesgo en Argentina
El malhumor social, la progresiva parálisis económica y la polarización política causados por la confrontación entre la presidenta Cristina Fernández y millares de agricultores por un alza de impuestos, ha puesto en riesgo la gobernabilidad en Argentina, según Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, que atribuyó el debilitamiento del poder de Fernández a lo que consideró un excesivo presidencialismo en el sistema institucional argentino, lo que deteriora al gobierno ante un escenario de polarización política como el actual. «En el sistema hiperpresidencialista en que ha entrado Argentina, el deterioro del Poder Ejecutivo puede poner en riesgo la gobernabilidad», dijo.
Fraga agregó que en Argentina «el presidente es todo y cuando se torna débil, el poder político suele derrumbarse».
Según el analista, el mayor error del gobierno frente al prolongado ‘lock out’ agrario que elevó la tensión política, fue desoír los llamados a un diálogo conciliador de sectores como la Iglesia Católica, el culto mayoritario, entre otros.
La protesta de agricultores que estalló hace casi cien días a raíz de un aumento de tributos a las millonarias exportaciones de soja, fue respaldada por la oposición liberal y social cristiana, y abrió fisuras dentro del gubernamental peronismo, que conduce el ex mandatario Néstor Kirchner (2003-2007). Los cortes de cientos de rutas para impedir el paso del transporte de granos y alimentos, como parte de las protestas, provocaron escasez de productos básicos como leche, carne y pan y desabastecimiento de combustibles, lo que aumentó el mal humor de los argentinos.
Miles de opositores de clase media protestaron contra la presidenta Fernández y a favor de los ruralistas golpeando sus cacerolas la noche del lunes en importantes ciudades el país y en varios barrios de la Capital.
En respuesta, grupos políticos y sociales kirchneristas se convocaron a la Plaza de Mayo en respaldo al gobierno.
Según Fraga, la figura del ex presidente Kirchner como jugador central en la puja del gobierno con los dirigentes ruralistas opacó el rol de su esposa y contribuyó a su debilitamiento, además de elevar la tensión política en un país con un fuerte perfil de exportador de alimentos.
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