EL NO DE IRLANDA
El rechazo de los irlandeses fue rotundo, además, porque 33 de las 43 circunscripciones votaron mayoritariamente por el NO. Ello a pesar de que todas las formaciones parlamentarias, con excepción del Partido nacionalista Sinn Fein (que tiene apenas 4 diputados en 166), se pronunciaron por el voto afirmativo, al igual que entidades empresariales y de agricultores beneficiados por la ayuda europea.
El gobierno irlandés del primer ministro Brian Cowen, que realizó intensa campaña por el SI, se mostró decepcionado por el resultado, que constituye a su juicio un serio revés para la Unión Europea. Se recordó que este voto negativo se suma al que propinaron en sendos plebiscitos, primero el pueblo francés y el pueblo holandés luego, al proyecto de Constitución Europea elaborado por Giscard d’Estaing, que salió de circulación. Fue reemplazado trabajosamente por el Tratado de Lisboa, algo así como el mismo perro con distinto collar. Pero en la primera ocasión en que un pueblo es llamado a pronunciarse sobre el mismo, vota por su categórico rechazo.
En Francia tres años atrás el referéndum originó una profunda movilización de la sociedad, propició formas originales de unidad en la acción de los sindicatos y movimientos sociales con partidos de izquierda y sectores de los mismos (el PS se partió al medio), lo que condujo a la victoria del NO.
Uno de los artífices de esa victoria, el PC francés, celebra el coraje y la lucidez del pueblo irlandés, dice que la votación es una buena noticia para los pueblos europeos y la propia Unión Europea, y agrega: «A pesar de las presiones inmensas que recuerdan las ejercidas en 2005 contra los franceses y los holandeses, el pueblo irlandés supo rechazar con su voto las medidas contra los asalariados, los ataques al gasto público y a los salarios, el sacrificio de los servicios públicos y la militarización de la Unión Europea». Ese párrafo resume el contenido esencial del Tratado de Lisboa. La conclusión es que no debe ser ratificado y debe abrirse la vía a un nuevo tratado sobre otras bases y mediante otras formas, «rompiendo con las que lo conducen de crisis en crisis». Dice que la presidencia de la UE que Francia asume dentro de unos días debería detener el proceso de ratificación. Como se sabe, está prevista una cumbre de jefes de estado y de gobierno europeos en diciembre para considerar la ratificación del Tratado de Lisboa.
En sentido análogo, la Izquierda Europea (GUE-NGL, Izquierda Unitaria Europea e Izquierda Nórdica) en un pronunciamiento firmado por su vicepresidenta Graziella Mascia se felicita por la decisión del pueblo irlandés y dice que su voto no es contra Europa sino una crítica radical a las políticas que se están aplicando en el continente, al tiempo que promueve una real alternativa para una Europa social y democrática. Esa crítica está sólidamente fundada a la luz de dos decisiones de fundamental importancia adoptadas estos días por el Consejo de la Unión Europea y que la declaración destaca: «la directiva para una extensión irrazonable del tiempo de trabajo y la directiva para la detención de inmigrantes hasta por un plazo de 18 meses» antes de devolverlos a su país en la llamada «operación retorno».
La conclusión de la Izquierda Europea es la siguiente: «Las condiciones sociales, económicas y civiles de la Europa actual son insoportables y requieren nuevas y fuertes respuestas. Un renovado proceso democrático que incluya a todos los ciudadanos europeos es necesario. Nuevos contenidos sociales y de derechos civiles, políticas de paz, cohesión y ecología, así como valores civiles, deben inspirar la construcción de Europa. Y es crucial que los pueblos puedan expresarse al respecto a través de un referéndum europeo».
La directiva de extender la jornada laboral a 65 horas semanales ha suscitado protestas generalizadas en el mundo del trabajo. Piénsese que en Francia con la izquierda en el gobierno se había llegado a la gran conquista de las 39 horas semanales. Sobre las nuevas condiciones infamantes a que se habrá de someter en Europa a los inmigrantes de todas las nacionalidades (incluidos los «sudacas»), tema a consideración inmediata del Parlamento Europeo, vale la digna respuesta del presidente boliviano Evo Morales en su «Carta abierta contra la ‘directiva de la vergüenza’ europea
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