UN MUNDO LLENO DE HEREJES
¿Qué les queda por hacer sino reaccionar? Eso es lo que pasó en Indonesia donde las presiones de los buenos musulmanes convencieron al presidente Susilo Bambang Yudhoyono de prohibir al grupo herético Amadiyah, cuyo fundador Mirza Ghulam Ahmad (1839-1908) es considerado por sus seguidores como una reencarnación de Mahoma. Naturalmente esas presiones estuvieron apoyadas por algunas acciones violentas como ataques a mezquitas de la secta, por parte de grupos radicales que desean imponer la Sharia o Ley Religiosa. La prohibición de los Amadiyah, que también han sido perseguidos en otros países islámicos como Pakistán y Bangladesh, deja muy maltrecha la fama de Indonesia como país tolerante y pluralista.
Pero al menos en Indonesia, si bien hubo heridos, no hubo muertos. La norma habitual en estos pleitos entre buenos musulmanes y herejes (los herejes siempre son los otros) es que se maten entre sí. Es lo que sucede en el Yemen, por ejemplo, donde una rebelión shiíta en el norte es duramente reprimida por el gobierno de este país predominantemente sunnita de 23 millones de habitantes. El gobierno del Yemen goza del apoyo de Arabia Saudita donde 22 prominentes clérigos emitieron una «fatwa» en la que comparan a los rebeldes shiítas con el movimiento Hezbollah en el Líbano. Dice el documento: «Cuando ellos se apoderan de un país, humillan a los sunnitas y los controlan, como en Irán y en Irak. Siembran la desunión, la corrupción y la destrucción entre los musulmanes y desestabilizan la seguridad en países musulmanes». Como el gobierno prohíbe tanto a periodistas locales como extranjeros visitar la zona de conflicto, el mundo sabe muy poco acerca de esta rebelión. Un editor local, Abdul Karim al-Khaiwani, que se atrevió a publicar fotografías de aldeas norteñas devastadas, está preso bajo cargos de sedición y podría ser condenado a la pena capital.
Según algunos observadores, Arabia Saudita presiona fuertemente al gobierno yemenita para que aplaste la revuelta por temor a un contagio de las comunidades shiítas en las cercanías de los campos petrolíferos del sur. Según Yasser Ahmed bin Salim al-Awadi, vicepresidente del bloque gubernamental en el Parlamento, citado por el Washington Post: «Arabia Saudita está más preocupada por la guerra con los rebeldes shiítas que el propio Yemen».
Pero los conflictos no se limitan a confrontaciones entre las dos mayores ramas del Islam o al combate con sectas minoritarias. La lucha por el «Islam verdadero» también se plantea entre radicales. Aparentemente siempre hay unos musulmanes más genuinamente musulmanes (es decir, más estrictos en la interpretación literal del Corán) que otros.
Eso es lo que acaba de descubrir la agencia Reuters en Gaza, donde resulta que Hamas tiene duros competidores en materia de radicalismo. Al parecer no es suficiente que Hamas otorgue absoluta prioridad a una guerra de auto-desgaste contra Israel, destinada a hundir su estado palestino antes de que surja, en lugar de ocuparse de fruslerías tales como crear puestos de trabajo o instituciones civiles. Es necesario, según un ilustrado admirador de Al Qaeda, que además aplique la ley de la Sharia sin concesiones.
Informa al respecto la agencia Reuters en un cable del 10 de junio: «Abu Hafss no está contento. Un año desde que los islamistas de Hamas lograron el control de la Franja de Gaza, Abu Haffs aguarda impacientemente ver que una espada corte la mano de un ladrón o que una mujer sea lapidada por adulterio».
«Hamas no implementa la ley de Dios», dice el aliado palestino de Al Qaeda. «No vimos que a nadie se le haya cortado la mano por robar. Tampoco vimos que lapidaran a ninguna adúltera».
Sin embargo, según lo aclara más adelante el cable, no faltan en Gaza signos de una evidente islamización, tales como la proliferación de barbas entre los hombres y de chales que cubren la cabeza en las mujeres. Además hubo un incremento en los ataques a cristianos el año pasado, a pesar de la preocupación de Hamas por mantener el orden. Un maestro, que sólo dio su nombre de pila, dijo que la gente tiene miedo bajo el régimen islamista de Hamas pero admitió que «Hamas no es el Talibán y que su gobierno no es tan estrictamente islámico». Abu Haffs, al menos por ahora, parece ser aún más radical que Hamas.
«Aún cuando el dominio de los judíos termine en Palestina debemos traer más gente al Islam y hacer que otros países acepten la autoridad musulmana. Les daremos la oportunidad de elegir. O pagan la Jizya (el impuesto tradicional que deben pagar los infieles en tierras del Islam) o… la espada.» El mundo podría volverse difícil para quienes no compartimos la fe de los purificadores islámicos de la humanidad.
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