Los inquilinos de la Casa Blanca
Washington, Reuters
Clinton, quien en 1992 derrotó fácilmente al padre de su sucesor republicano, el entonces presidente George Bush, fue anfitrión del gobernador de Texas durante una reunión de 90 minutos en la Casa Blanca, incluyendo un almuerzo.
Tanto Bush como Clinton hicieron a un lado cualquier hostilidad que pudieron haber exhibido durante la campaña electoral y sostuvieron lo que pareció ser un encuentro cordial hacia la transición. Bush manifestó estar «humilde y honrado» por la oportunidad de la reunión.
«Estoy aquí para escuchar», dijo a los periodistas que se apretujaron en la Oficina Oval para una sesión de fotografías en las que él y Clinton intercambiaron un vigoroso apretón de manos. Clinton lució relajado y Bush ligeramente nervioso cuando respondían a consultas de la prensa. Mientras Clinton se veía relativamente dispuesto a responder, Bush parecía renuente a hablar mucho. Clinton dijo que su consejo a Bush era que «se consiga un buen equipo y haga lo que crea correcto».
Bush dijo: «Es un honor inmenso venir como presidente electo y no creo que verdaderamente me daré cuenta del impacto hasta que jure el cargo (…). Me siento humilde y honrado. No puedo agradecer al presidente lo bastante por esta hospitalidad. El no tenía que hacer esto». Clinton dijo que no cree que dejará a Bush con la economía estadounidense deslizándose gradualmente hacia una recesión, prediciendo en cambio un período de crecimiento más lento de en torno a 2,5 por ciento, la mitad de la tasa en años recientes.
«El tendrá algunos desafíos económicos y ustedes deberían de darle la oportunidad de reunirse conmigo y no tratar de figurárselo todo por adelantado», dijo Clinton.
Bush se reunía más tarde con el vicepresidente Al Gore, a quien derrotó apretadamente tras una batalla legal de 36 días en torno a los 25 votos del estado de Florida para el Colegio Electoral que, al final, fue decidida 5-4 por la mayoría conservadora en la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Ese encuentro ocurriría en la residencia vicepresidencial, en los terrenos del Observatorio Naval de Washington, el futuro hogar del vicepresidente electo, Dick Cheney.
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