Sueños y recuerdos. Desde San Francisco, pasando por México, París, Praga y llegando a Moscú

Los intelectuales y escritores hablan del revolucionario 1968

Una quincena de escritores de los cinco continentes compartieron esta semana sus recuerdos y sus sueños en el decimoctavo Festival de Escritores de Praga, que este año estuvo consagrado a «1968: la risa y el olvido».

«Ese año fue el más determinante de mi vida (…) se produjeron tantas cosas paradójicas en aquella época, en la que las ideas estaban petrificadas en ideologías», recuerda el checo Petr Kral, que se exilió poco después de la intervención de los tanques soviéticos en Praga. Para la rusa Natalia Gorbanevskaya, el año empezó con el proceso Ginzburg en Moscú, mientras que la griega Katerina Anghelaki-Roorge aún parece sentir los sobresaltos de Atenas frente a la junta de los coroneles y el mexicano Homero Aridjis rememora la sangrienta represión de la Plaza de las Tres Culturas, en su país natal. De lejos o de cerca, todos respiraron «la formidable utopía» que se desprendió del Barrio Latino de París en mayo de aquel año y todos oyeron también el sordo rumor de los tanques en Praga. Para Michael McLure, uno de los poetas de la «beat generation», el corazón del mundo latió sobre todo en California, «en esa época tumultuosa del rock’n roll, la droga, la píldora y el sexo».

La canadiense Margaret Atwood ­que por aquel entonces escribía su primera novela­ considera que 1968 fue «la segunda oleada del movimiento de liberación de la mujer», marcado por la minifalda y los anticonceptivos antes de la gran resaca de los años del sida y de los fundamentalismos religiosos.

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