Un té en la Casa Blanca

Washington, ANSA

La futura primera dama, Laura Bush, compartió con Hillary Clinton un surreal té matutino en la Casa Blanca, la residencia de los presidentes norteamericanos donde hasta hace ocho años reinaba su suegra.

De traje sastre negro y camisa fucsia, el uniforme de batalla que la llevó a la elección victoriosa para el Senado por el estado de Nueva York, Hillary recibió a la próxima inquilina de la Casa Blanca bajo el pórtico sur de la morada presidencial, inundada por el sol de diciembre.

Hillary y Laura se saludaron estrechándose las manos. Hubo sonrisas tenues e intercambio de frases convenientes, pero ningún beso ni abrazo (que por otra parte hubieran estado fuera de lugar para las representantes de dos familias –los Bush y los Clinton– divididas por años de rencores políticos).

El paso del mando entre las primeras damas es otro de los actos tradicionales de la transición, pero tanto para Laura como para Hillary el cara a cara de hoy fue surreal.

Laura conoce la Casa Blanca como si fuera suya, porque desde enero de 1989 a enero de 1993 vivieron allí sus suegros, George y Barbara Bush. Y Hillary, que la ocupó después de desalojar a los Bush, aprovechó su último acto como dueña de casa para una curiosa metamorfosis: ofreció un té.

La bebida tradicional de los ingleses había estado en el centro de una polémica de meses en la campaña electoral de 1992: la había desencadenado justamente Hillary, diciéndoles a las amas de casa que ella, una abogada conocida, no era sin duda mujer de quedarse en casa a «hornear bizcochos y ofrecer té».

La frase desencadenó una ola de discusiones que obligó a la entonces aspirante a primera dama demócrata a disculparse, y a enfrentarse con Barbara Bush en la «batalla de los bizcochos».

La competencia de recetas propuesta por una revista de trabajos femeninos se reveló premonitoria de la carrera por la Casa Blanca: ganó también en esa ocasión Hillary Clinton, gracias a una receta de bizcochos de chocolate con mucha menos grasa que aquellos que la suegra de Laura Bush horneaba para su numerosa prole de hijos y nietos.

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