Medio Oriente. Israel negocia con Siria y busca frenar la expansión del régimen iraní

La vieja disputa por los altos del Golán

Tras ocho años de parálisis, Israel y Siria anunciaron el inicio de unas negociaciones indirectas bajo los auspicios de Turquía, que podrían conducir a una paz entre ambos países limítrofes a cambio de la retirada israelí de los altos del Golán, que el Estado hebreo conquistó en 1967.

En litigio también están las fronteras, el Monte Hermón, la desmilitarización del área, el agua, el terrorismo y los asentamientos de colonos.

Israel quiere desestabilizar la «coalición de tiradores de cohetes» formada por Irán, Siria, el movimiento chiita libanés Hezbolá y el grupo islamista palestino Hamas en Gaza, sostienen expertos. Una pieza clave en este proceso es el presidente sirio, Bashar Asad, que pertenece a un clan chiita de los alauitas, mientras que la mayor parte de la población de Siria son musulmanes sunitas, como la mayoría de los presidentes de los países árabes.

Las principales organizaciones terroristas, entre ellas Hamas y la Yihad Islámica, tienen en Damasco su sede central de operaciones. Fue desde allí que comenzaron a operar en el marco del llamado Frente del Rechazo, cuando se iniciaron hace una década y media las negociaciones de paz entre Israel y la OLP. Los elementos más extremistas, opuestos al inicio mismo del proceso de paz, hallaron siempre en Damasco una base segura. Eso, sostiene Israel, debe acabar en caso de plasmarse el acuerdo con Siria.

Aunque Israel es superior militarmente a Siria, este país representa una gran amenaza en caso de conflicto por su arsenal de misiles tierra-tierra. Y precisamente la guerra contra Hezbolá de 2006 puso de manifiesto la vulnerabilidad de Israel frente a los disparos de cohetes contra su población civil.

Informes de ONU indican claramente que armamento de Irán y Siria llega a manos de Hezbolá y altera con ello la frágil estabilidad regional lograda con la resolución 1701 que puso fin al enfrentamiento entre Israel y Hezbolá, en agosto de 2006.

En junio de 2007, menos de un año después de aquella guerra, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, exhortó a Siria e Irán en un informe oficial, a dejar de transferir misiles anti-tanques y anti-aéreos a Hezbolá a través de la frontera sirio-libanesa.

El propio Hezbolá declaró que tiene ahora mucho más misiles que los que obraban en su poder cuando comenzó la guerra el 12 de julio de 2006. No son fabricación propia sino que llegan de Damasco y Teherán. Según fuentes de Inteligencia israelíes, ya hace un año se estimaba que Hezbolá había acumulado más de 20.000 misiles. Cabe recordar que al estallar la guerra entre las partes en julio de 2006, Hezbolá tenía en su poder 12.000 misiles.

Los responsables políticos israelíes no han escondido que el objetivo central de un acuerdo -y de las negociaciones- es romper el apoyo que Siria da a Irán, país que proclama abiertamente la destrucción del Estado hebreo y al que la comunidad internacional acusa de querer dotarse de la bomba atómica.

La ascendente ministra israelí de Relaciones Exteriores y para algunos eventual candidata a presidir el gobierno, Tzipi Livni, ya planteó varias condiciones en las discusiones con los sirios. «Siria debe entender que tiene que romper con Irán, Hezbolá, Hamas y las otras organizaciones terroristas» para lograr la paz, dijo. La alianza entre Irán y Siria, desde hace 30 años, se reforzó en 2006 con la firma de un acuerdo de cooperación militar.

Sin embargo, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, advirtió que está dispuesto a ir lejos en las concesiones a Siria que, dijo, serán forzosamente dolorosas. Olmert se refería a los altos del Golán, conquistados en 1967 y que Israel se anexó en 1981 y donde viven unos 20.000 colonos judíos. Siria exige la restitución total de esta región estratégica, incluido un acceso al lago Tiberíades, la principal reserva de agua dulce de Israel.

Para impedir esa retirada, 57 de los 120 diputados del Parlamento israelí -entre ellos seis de Kadima, el partido de Olmert- presentarán un proyecto de ley que prevé que cualquier concesión territorial en el Golán deberá ser aprobada por una mayoría de al menos 80 diputados, frente a los 61 necesarios actualmente.

Dos sondeos encargados recientemente por la segunda cadena de la televisión israelí y la radio militar indican que un 70% y un 64% de israelíes, respectivamente, se oponen a la retirada del Golán.

Hay demasiados interrogantes que hacen peligrar un acuerdo de paz entre Siria e Israel. El primer ministro Olmert, acusado por corrupción, está muy debilitado para conseguir el respaldo de la opinión pública israelí ante una eventual devolución de los altos del Golán y deberá enfrentar, seguramente, elecciones anticipadas. El segundo obstáculo es saber si Assad podrá desconectarse de Irán, contener a Hamas en Damasco y neutralizar su influencia sobre Hezbolá en Líbano, para salir del llamado «eje del mal». Algo difícil de concebir, según sostiene expertos.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje