Cumbre Europea: todos pueden ingresar si hacen méritos
Por Guillermo Israel
Alemania, Francia, Inglaterra e Italia se adjudican derechos hegemónicos basados en su potencial económico y el volumen de sus poblaciones y quieren modificar el principio de la unanimidad adoptado en el acuerdo de Amsterdam por un sistema que les confiere mayores posibilidades en las votaciones en las reuniones cumbres y en las conferencias del consejo de ministros.
Niza escenario de debates y manifestaciones
De la UE actual de 15 países que cuentan con 375 millones de habitantes a la futura integrada por 27 naciones y 480 millones de habitantes media precisamente un paso de gran trascendencia, dado el desarrollo desigual de los 12 postulantes, que hasta hace diez años atrás integraban el campo socialista y sus organizaciones de coordinación económica y militar. Desde el punto de vista de las grandes empresas se debe andar sin apuro porque lo primario para estos verdaderos «dueños» es que los nuevos miembros lleguen a un equilibrio mínimo en el desarrollo de la economía de mercado, que en algunos casos es todavía lento. Además, según los cuatro «grandes» se debe comprobar en cada uno de los aspirantes una estabilidad institucional consolidada que garantice el funcionamiento democrático y el respeto de los derechos humanos.
Para algunos observadores se están ocultando las verdaderas razones para dar ya el ingreso a los «nuevos», que es el temor de perder las influencias en los actuales órganos de mando de la UE, si se instaura un sistema demasiado democrático.
A esta intrincada situación se agrega otra: la diferencia respecto de los votos, el llamado voto mayoritario, que le corresponden a cada uno en la Comisión Europea, entre Alemania y Francia. No habrá decisiones democráticas en áreas del comercio, servicios financieros y ayuda regional, que serán administrados por los antiguos socios. Aquí se expresa una vez más cuán profunda parece ser la pretensión hegemónica de ambos países.
Por otro lado, los «pequeños», caso Portugal, Irlanda y Bélgica y otras «muy pequeñas» no están dispuestos a ceder sus escaños en el Consejo Europeo. Todo indica que para principio de 2004 o 2005 serían admitidos los nuevos miembros, y los de mejor chance serían Hungría, Chipre, Estonia y Eslovenia, seguidos por Polonia, Malta y República Checa.
Habrá caras largas en algunas capitales del este, por las postergaciones, apuntan comentaristas. Otros casos, son los que se consideran con mayor derecho de ingresar por haber hecho «esfuerzos en las reformas», leáse introducir el capitalismo, donde el tono de la crítica va más allá y habla de engaño. No hay duda, los miembros actuales de la UE quieren defender a toda costa los logros del relativo bienestar contra la «invasión de los vecinos pobres del este», que traerían graves problemas a la UE. El primer ministro francés Lionel Jospin, anfitrión de la reunión, trató de disimular las graves contradicciones existentes entre «grandes y chicos», destacando que se superaron dificultades y que habrá ingreso de nuevos miembros.
Miles ganaron las calles de Niza
La Confederación Europea de Sindicatos, el Movimiento contra la Globalización y otras organizaciones sociales y políticas provenientes de todos los rincones del viejo continente movilizaron a decenas de miles de personas para protestar contra la política de corte neoliberal, que en todos los países europeos recorta conquistas sociales y laborales, sembrando una desocupación de día en día mayor.
Como sucediera el año pasado en Seattle, Niza se convirtió en un escenario nuevo, de presencia de los verdaderos protagonistas, que hicieron oír sus potentes veces de reclamo de soluciones para los graves problemas sociales, que padecen.
Esta presencia, es, sin duda, lo nuevo, que se abre camino: ya no es posible «encerrar» los debates en palacios, por fuertemente que estén vigilados.
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