EL LIBANO, UN PAIS CAUTIVO
Este hecho elemental lamentablemente no fue debidamente tenido en cuenta al final de la guerra civil de 1975-1990. El acuerdo de Taíf o «acuerdo de reconciliación nacional» firmado el 22 de octubre de 1989, decidió eliminar todas las milicias menos al Hezbolá. El gran argumento para que este ejército de la minoría shíita conserve sus armas era que constituye «fuerza de resistencia» contra la presencia de las tropas de Israel en el Sur del país, y no un mero ejército privado. Sin embargo, cuando Israel se retiró unilateralmente del Líbano en el año 2000, Hezbolá no dejó sus posiciones al ejército libanés ni se retiró. Por el contrario, con fuerte apoyo económico, logístico y político de Irán se atrincheró en el Sur del país construyendo una sofisticada red de fortificaciones. Como no había «territorios ocupados» por Israel y era necesario justificar el slogan de la «resistencia», Hezbolá comenzó una serie de provocaciones contra su vecino del Sur. En ese contexto, Hezbolá secuestró a los soldados israelíes en el 2006 precipitando la Segunda Guerra del Líbano precisamente en un momento muy delicado en el que Israel tenía buenas razones para temer una operación de pinzas desde el Sur y el Norte. Desde el final de la guerra, Hezbolá hizo olvidar su responsabilidad por una guerra inútil y desastrosa, gracias a los petrodólares enviados por Irán para la reconstrucción. Pero la sed de poder de Hezbolá o de sus jefes en Teherán fue en constante aumento. Aprovechando la debilidad del estado libanés, Hezbolá bloqueó en el último año el funcionamiento del sistema político impidiendo la elección de un presidente, mientras una serie de políticos afines al gobierno fueron asesinados con coches bomba.
La última crisis se debió a que el «estado dentro del estado» de Hezbolá burló de manera demasiado ostentosa al gobierno legal del país. Estableció una red de telecomunicaciones militares al margen de la oficial, con apoyo y logística iraní e impuso su autoridad en el aeropuerto de Beirut con la complicidad de un militar afín.
Un cable de la agencia alemana DPA describe reacciones muy elocuentes de los propios libaneses. «Todo lo que vislumbro es oscuridad para el Líbano» dice Christian Patrick Awad, un estudiante en una universidad libanesa» No hay más perspectivas de futuro en este país».
«Otro estudiante, Nada Habbal, opina «Mientras nuestro país siga basándose en un sistema que divide los cargos de acuerdo a la pertenencia a sectas religiosas, siempre habrá guerras». Por su parte, el ex embajador libanés en Washington y analista político. Riad Tabbara sostiene que muchos jóvenes han decidido abandonar el país porque han perdido la fe en sus líderes políticos y en su país». Algunos libaneses consideran que los últimos movimientos de Hezbolá representan no solo un ataque al gobierno y a la coalición del 14 de marzo (que une a todos los grupos que lograron el retiro de las tropas sirias en marzo de 2005 luego del asesinato del Primer Ministro Rafic Hariri) sino también un ataque frontal a la democracia libanesa. Es el caso de Michel Hajji Georgiu, que escribe en «L´Orient le jour» de Beirut: «En el Líbano, desde hace varios días, no existen más garantías. No hay más que armas malditas, nunca sagradas. Pero siempre habrá hombres libres, cada vez más. Esto no lo entienden los partidarios del totalitarismo. Ellos ignoran el sentido de la libertad, el gusto de la libertad, la llama del amor a la libertad. Este es el verdadero origen de esta guerra contra nosotros y contra el alma del Líbano, que nunca habrá de morir. Es necesario saber que todos aquellos que atentan contra la esencia del Líbano perecen y terminan en los sótanos de la historia. La libertad siempre termina por triunfar, cualquiera sea el calibre del cañón».
Pero a pesar de la exaltada prosa de este periodista cristiano, el calibre de los cañones importa mucho en la actual coyuntura. Y no cabe duda de que Hezbolá, que cuenta con el constante aprovisionamiento de armas de Teherán, aventaja claramente a los partidarios de un Líbano libanés.
Cualquiera sea finalmente la salida de la crisis actual solo una cosa es segura : el Líbano no dejará de ser un país cautivo.
Pero eso no desagrada a todo el mundo. Los cultivadores de marihuana en el este del Líbano prosperan en épocas de disturbios. Para ellos, es bueno que haya problemas que mantengan al ejército ocupado, porque cuando el país está tranquilo, los militares suelen unirse a la policía para reprimir a las plantaciones de drogas ilegales.
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