Se agudiza huelga contra impuestos en Argentina
«No estamos viendo ninguna señal por parte del gobierno que permita que levantemos la protesta», dijo ayer Néstor Roulet, vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas, que nuclea a medianos productores, en declaraciones a radio Diez de Buenos Aires.
Los dirigentes agropecuarios tienen previsto reunirse hoy jueves para definir cómo siguen con la protesta, que consiste en la suspensión de la comercialización mayorista de granos y mantiene a millares de productores movilizados a la vera de las rutas.
El ministro del Interior, Florencio Randazzo, acusó a los productores de propiciar hechos de violencia, al recordar algunos episodios registrados en los últimos días en zonas rurales.
«¿Es razonable que un gobierno elegido democráticamente pueda estar sujeto a la extorsión permanente de un sector que está planteando llevarse el exceso de rentabilidad en desmedro de la mesa de alimentos de todos los argentinos?», se preguntó Randazzo.
El ministro negó la posibilidad de que el gobierno retome las negociaciones con los agricultores mientras continúe la huelga, que lleva una semana y se suma a los 21 días de ‘lockout’ patronal en marzo. La protesta puso en riesgo el cumplimiento de los embarques de cereales en un país de fuerte perfil agrícola, con potencial para alimentar a 300 millones de personas por año, según datos del gobierno argentino y de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
La rebelión de agricultores impactó además en el sector financiero, pues el Banco Central colocó en el mercado el martes 300 millones de dólares para sostener el tipo de cambio.
La intervención de la autoridad monetaria se produjo en una jornada en la que creció con fuerza la demanda del billete estadounidense, en medio de rumores especulativos sobre corridas bancarias y bloqueos de fondos.
Economistas consultores de mercado como Miguel Bein, Orlando Ferreres y Ricardo Delgado coincidieron en señalar que las versiones sobre el sector financiero son infundadas y sin asidero en una economía que no está en crisis.
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